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EXABRUPTO #1: Contra los Herejes por Dogma, los Escépticos por Sistema o Rebeldes de Boutique…

Posted in Exabruptos with tags , , , , , , , , , on 30 marzo, 2010 by teseos30

Estoy más que convencido de que uno habla de lo que carece. Yo me la paso hablando de la razón, de la ecuanimidad, de la templanza, de la tolerancia y el respeto, de la diplomacia, de la fineza, de la responsabilidad, de la veracidad, la sinceridad y la honestidad porque carezco de ellas o no las tengo en la proporción que me gustaría o debería. Creo que deberíamos ser más humanos y demostrar nuestra capacidad de serlo. Si el mundo se está cayendo es porque no hemos tomado en serio la responsabilidad de ser lo que somos: seres racionales y conscientes.

Creo que la verdad existe, que no se deja mangonear por relativismos ingenuos (¿acaso hay de otro tipo?) y que nunca es tranquilizadora; que es pesada, que no cualquiera puede soportarla y compromete a quien la enuncia o quien la escucha.

Creo que hay más mérito en construir que en pararse triunfal sobre las ruinas y su miseria; sin embargo, creo que también es buen ejercicio despotricar contra lo que le choca a uno, por eso es que hoy dedico este primer exabrupto a la gente que también habla de lo que carece —sin reconocerlo o sin saberlo— y de la que por eso mismo desconfío y me burlo:

Desconfío y me burlo de quienes —de entrada y por sistema— se jactan de “liberales”, “rebeldes”, “escépticos”, que a todo llevan la contraria y también a los relativistas que a todo consideran “cuestión de enfoques” o que defienden la facilona, irresponsable y estúpida máxima que reza “que cada cabeza es un mundo” y que “todo depende del color del cristal con el que se mira”. Desconfío y me burlo de todos estos ingenuos infelices porque debajo de sus atractivos ropajes y seductoras poses de seres inconformes e “inadaptados” se asoma un ancianillo dogmático y gazmoño, incapaz de darse cuenta de que detrás su supuesta “libertad” y carácter ”indómito” una férrea moral hace su labor esclavizante. Nadie escapa a la moral, ni siquiera el rebelde más pintado, pues todos tenemos el “deber ser” enquistado en la conciencia…

Desconfío y me burlo de los que desdeñan el valor de la disciplina y la técnica en el arte, pues tal desdén es propio de dos tipos de personas: de los genios o de los ineptos; y ya se sabe que los primeros en verdad escasean…

Desconfío y me burlo de los que se jactan de “filósofos” y “poetas” (también de los que se burlan de la filosofía o desdeñan a la poesía) sin nunca haber leído seriamente a Platón, Aristóteles o Descartes, o sin haberse asomado siquiera a un solo verso del Cantar del Mio Cid, de la Ilíada o de la Divina Comedia: discurren, claman, vociferan, “cantan”, pero nunca filosofan ni poetizan (o no conocen de lo que se burlan o lo que desdeñan y por lo mismo son despreciables e insignificantes…)

Desconfío y me burlo de quienes —de entrada y religiosamente— se jactan de ser “viscerales” y hacen de la intemperancia y el desenfreno una virtud: es fácil ser visceral e intemperante mientras no se es víctima de un ser semejante. Todos somos leones mientras no nos recuerdan de un guamazo que somos ovejas.

Desconfío y me burlo de quienes se la pasan haciendo alarde de su fortaleza, intensidad e inexpugnabilidad: en el fondo de su corazón el fantasma de la pusilanimidad ha rentado un cómodo departamento, contiguo al de su prepotencia física y/o conceptual y simbólica.

Desconfío y me burlo de quienes no aprecian la cultura, la fineza y la diplomacia y hacen de la brutalidad y la crudeza su divisa. Los reto a tragarse una cebra sin aderezo alguno: si lo hacen sin perjuicio alguno para su salud —si alguna tienen— me convertiré en su más fiel seguidor. Hay quienes confunden la honestidad y la sinceridad con ser “directo” o “claridoso”; a esos les digo: Cuidado… la sinceridad es casi gemela del cinismo y sólo un paso los separa. Se ama al sincero, pero el cínico es un pobre diablo miserable, corto de mente y carente de lo que algunos llaman “espíritu”…

Desconfío y me burlo de los sermoneadores que se las dan de ser gente de mente abierta y no son capaces de escuchar a los demás ni abrirse a la posibilidad de que los otros pudiesen estar en lo correcto: cada día un virulento e inflexible inquisidor le devuelve el saludo en el espejo…

Desconfío y me burlo de aquellos a quienes todo les huele mal, que todo les parece mal o que ven intenciones ocultas en todo. Si todo les parece podrido quizá es porque llevan la podredumbre consigo…

 Por eso, la próxima entrega será sobre una lujuria.