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TRASLACIÓN #9:Μην πείς ποτέ σου (No te digas nunca) de Takis Varvitsiotis

Posted in Traslaciones with tags , , , , , on 9 octubre, 2015 by teseos30

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Les presento mi versión del poema Μην πείς ποτέ σου (No te digas nunca) de Takis Varvitsiotis. Su semblanza es bien trazada por el Mtro. Francisco Torres Córdova en su sección de La Jornada Semanal:

Takis Varvitsiotis (Salónica, 1916), abogado de profesión, es autor de veintidós libros de poesía. En el contexto de la Primera Generación de Postguerra, a la que pertenece, se mantuvo fiel al surrealismo, con especial influencia de Éluard, Reverdy y Odsseas Elytis. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán, italiano, rumano, polaco y búlgaro, entre otras lenguas y, a su vez, ha traducido a Baudelaire, Mallarmé, Eluard, Saint-Jhon, Lorca, Neruda, Alberti y Huidobro. Ha obtenido numerosos premios por su obra, entre ellos, el Premio del Grupo de los Doce, el Primer Premio del Municipio de Tesalónica (1959), el Primer Premio Estatal de Poesía (1972) y el Premio de Poesía de la Academia de Atenas (1977).

 

He aquí el poema:

Μην πείς ποτέ σου

Μην πεις ποτέ σου δεν είν’ όμορφη η ζωή
Όταν θα δεις το φως να χαμηλώνει,
Όταν τα φύλλα τα ξερά θα πέφτουνε στα πόδια σου Κι όλα τα σήμαντρα θα χαιρετούν τους ίσκιους Μην πεις δεν είναι όμορφη η ζωή.

Ο λόφος θα ντυθεί με των ματιών σου την αχλύ,
Τα χέρια θ’ αγκαλιάζουνε την επιτύμβια στήλη,
Και της φωνής σου το πουλί θα μένει πάντα σταυρωμένο. Όμως μην πεις δεν είναι όμορφη η ζωή.

Της μέρας οι ήχοι δε θα φτάνουν ως τα χείλη σου τα ωχρά, Ούτε οι ανοίξεις πια θα τραγουδούν κάτω απ’ τα βλέφαρά σου, Μόνο ένα σύννεφο καμιά φορά θα σε δροσίζει την αυγή
Κι ένα λουλούδι θα πενθεί μετέωρο τη σιωπή σου.

Χρόνια και χρόνια θα περάσουνε, μα εσύ να μη ζητήσεις Το χρώμα σου να ξαναδείς μες στων αγγέλων το σκιόφως, Μη λησμονήσεις τ’ άσπρα τριαντάφυλλα,
Μην αμελήσεις τ’ ουρανού τη γύρη,
Μην πεις δεν είναι όμορφη η ζωή.

Την ακατάλυτη μοίρα της πέτρας μη φθονήσεις,
Τ’ άσπιλα μάρμαρα, την παγωμένη στάλα,
Την άφθιτη, που κρέμεται απ’ το δέντρο του καιρού, Ούτε ένα όνομα γυμνό και πικραμένο σαν τον ύπνο σου.

Μόνο κατέβα πιο βαθιά, πολύ βαθιά, μέσα στην κοίτη Της γης, όπου ξαπλώνουνε τις ρίζες τους τα κυπαρίσσια, Ώσπου η βραδιά να γείρει ατάραχη να εμπιστευθεί
Το πιο απόκρυφο άστρο της μες στην υγρή σου κρύπτη.

Κι ύστερα σχίσε της αράχνης τον πλοκό που σε τυλίγει, Ανασηκώσου με τα οστά γεμάτα μουσική, Κι αν είν’ ο ίσκιος σου τόσο πλατύς, τους δυο μας να σκεπάσει. Μα πρόσεξε μη γελαστείς, μη λησμονήσεις,
Μην πεις ποτέ σου δεν είν’ όμορφη η ζωή.

 

Aquí tienen mi versión al castellano:

 

No te digas nunca

Nunca te digas que no es bella la vida
cuando veas la luz languidecer,
cuando las hojas se sequen y caigan a tus pies
y todas las campanas den la bienvenida a la oscuridad.
No digas que no es bella la vida.

La colina se reviste con la bruma de tus ojos,
las manos estrechan la estela sepulcral,
y tu voz será un avecilla por siempre crucificada.
Aún entonces, no digas que no es bella la vida.

El día en que los sonidos no lleguen como la palidez a tus labios,
ni las primaveras canten ya bajo tus párpados,
sólo en ocasiones una nube te refrescará al amanecer
y una flor llorará un meteoro en tu silencio.

Años y años pasarán, mas no podrás solicitar
volver a ver tus colores entre la penumbra de los ángeles,
no olvides las rosas blancas,
no olvides el polen del cielo,
no digas que no es bella la vida.

Al indestructible destino de la piedra nunca envidies,
ni a los inmaculados mármoles, ni a la helada gota,
inmarcesible, que cuelga del árbol del tiempo,
ni a un nombre desnudo y amargo como tu sueño.

Sólo desciende profundo, mucho más profundo,
en el lecho de la Tierra,
ahí donde ella yacía arraigándose con los cipreses.
Hasta que en el ocaso,imperturbable y confiado,
descienda el místico astro hasta tu húmeda cripta

Y entonces rasga la telaraña que te envuelve,
levántate con los huesos llenos de música
si tu sombra es tan ancha como para cubrirnos a ambos.

Mas, cuidado, no te rías, no olvides.
Nunca digas que no es hermosa la vida.

 

 

Espero que sea de su agrado, como lo ha sido del mío. Y recuerden: sólo porque la vida hizo sarcástica e irónica la voz de un poeta, ello no implica que en su canto no haya lugar para la luz, la dulzura, la esperanza, y el dominio de sí ante una realidad aplastante. Saludos…

 

José María Guadalupe Cabrera Hernández
Barrio de los Brujos, Ladera Sur del Sangremal.
9 de octubre de 2015

TZOMPANTLI #2: CANTO TRISTE

Posted in Tzompantli with tags , , on 31 octubre, 2013 by teseos30

Mictlantecuhtli

CANTO TRISTE

Oye un canto en mi corazón:
me pongo a llorar,
me lleno de dolor:
nos vamos entre flores,
hemos de dejar esta Tierra:
¡estamos prestados unos a otros:
iremos a la casa del Sol!

¡Póngame yo un collar
de variadas flores:
en mis manos estén,
florezcan en mí guirnaldas.
Hemos de dejar esta Tierra:
estamos prestados unos a otros:
iremos a la casa del Sol!

Netzahualcoyotzin,
Señor de Texcoco
y de nuestra poesía elegíaca.

KERIGMATA #5: “BLUES, POESÍA Y SOLIDARIDAD”

Posted in Kerigmata with tags , , , , , , , , , , on 10 noviembre, 2012 by teseos30

 

 

Los Invitamos al concierto-colecta “Blues, Poesía y Solidaridad”, que tendrá lugar este viernes 16 de noviembre en la Facultad de Ciencias Políticas de la UAQ, a partir de las 17:00 hrs.

Bandas Participantes:

El Callejón Blues Band
La Rumorosa Blues Band
Los Calcetines

Invitado especial:
Luis Castañeda
También habrá colaboraciones y poesía de los estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la UAQTraigan artículos de despensa, abrigos, cobijas, agua embotellada. Con ello beneficiaremos a nuestros hermanos de la comunidad de San Miguel Tlaxcaltepec, Amealco, Querétaro.

¡Apoyen y disfruten de la música! Los esperamos.

EXABRUPTO #14: ASCO LE TENGO A LOS PESOS…

Posted in Exabruptos with tags , , , , , on 9 abril, 2012 by teseos30

… y más asco a los tostones, pero más asco le tengo a un pinche pueblo que mata y desprecia a sus poetas.

Reza La Jornada Jalisco en su edición del día 2 de abril de 2012:

Asesinan en Toluca al poeta tapatío Guillermo Fernández García

Verónica de Santos.- El diario El Sol de Toluca informó el día de ayer del asesinato del poeta y traductor Guillermo Fernández García, quien fue hallado en el interior de su domicilio “amarrado con cables de pies y manos, envuelto del rostro con cinta canela y con un tiro en la cabeza”, según la noticia difundida en su sitio web, en la cual también se señala que el móvil del crimen no ha sido determinado.

Nacido en Guadalajara en 1932, Fernández se había abierto brecha en el mundo literario de la Ciudad de México desde su juventud, donde con frecuencia lo confundían con Emilio Carballido por su parecido físico, según narró para el blog de uno de sus alumnos de taller, Rodrigo Villaseñor.

Fernández vivía en Toluca desde hace dos décadas, donde impartía un taller de traducción y otro de poesía en la Casa de la Cultura, además de encargarse de la colección Canción de tierra de la Subdirección de Publicaciones del Instituto Mexiquense de Cultura.

Su obra poética se compone de una decena de títulos entre los que se hallan Visitaciones (1964), La palabra a solas (1965), La hora y el sitio (1973), El reino de los ojos (1983), La flor avara (1989) e Imágenes para una piedad (1991), y en 2003 el Fondo de Cultura Económica publicó su poesía reunida hasta 2003 bajo el título de Exutorio y el año pasado la Secretaría de Cultura de Jalisco publicó Arca, una antología completa que además incluye poemas inéditos.

Como traductor, se hermanó con la lengua italiana desde que siendo niño aprendió de memoria el Cántico de las criaturas de San Francisco, uno de los primeros textos líricos en italiano, como él mismo cuenta a Víctor Ortiz Partida en una entrevista publicada en la revista Luvina del invierno de 2008.

Fue el más importante puente de palabras entre Italia y nuestro país, construyendo en torno a sí lo que él consideró siempre una familia de poetas y narradores, entre los que se cuentan Dino Campana, Umberto Saba, Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale, Salvatore Quasimodo, Mario Luzi, Alda Mareni, Andrea Zanzotte y Valerio Magrelli por el lado del verso, mientras que por la prosa se puede ennumerar a clásicos como Giuseppe Tomasi de Lampedusa o autores más contemporáneos como Cesare Pavese, Alberto Moravia, Tommaso Landolfi, Natalia Ginzburg, Leopoldo Sciascia y el también recientemente fallecido Antonio Tabucchi.

Merecedor del Premio Jalisco de Artes y Ciencias en la categoría de Literatura en 1997, el año pasado Guillermo Fernández había sido reconocido con el premio Juan de Mairena en el marco del IV Verano de la Poesía, que organiza la Coordinación de Artes Escénicas y Literatura de Cultura UDG. En tal ocasión, el poeta local Luis Armenta Malpica dijo que el trabajo de Fernández “trata del hombre, dividido entre dos identidades”, y que sus poemas “si algo no tienen es contención ni mesura, pero, apasionados, hacen del nombre su licencia”.

Ayer domingo, los lamentos de sus colegas, lectores y amigos no tardaron en alzarse llenos también de consternación: “No sé con qué palabras huérfanas decirte el mundo que perdí contigo. Un mundo más justo que tu muerte”, escribió la narradora Ana García Bergua mientras Geney Beltrán Félix recordaba que: “No sólo era un muy buen poeta, sino un ser humano de una gran gentileza y generosidad. Descanse en paz”.

Otros organismos como el Centro Toluqueño de Escritores y literatos como Hernán Bravo Varela, Cristina Rivera Garza, Carlos Chimal y Jorge Esquinca también hicieron públicas sus condolencias y consternación ante el crimen, y el poeta Luis Vicente de Aguinaga publicó a modo de esquela y homenaje un fragmento de la poesía del propio Fernández: “Ahora más que nunca estréchate a mi costado. / Háblame de la prudencia de las cosas, / de esa silla que resplandece en el silencio, / de la cama que emerge como la espuma en altamar, / de la cisterna que ahondamos noche a noche con una sola palabra en la mirada, / de la sangre que colma la promesa de la miserable eternidad”.

Más de la obra de Guillermo Fernández se puede leer en línea, por ejemplo en http://www.materialdelectura.unam.mx, el archivo digital de la colección de cuadernillos universitarios cuyo número 89 ofrece una veintena de sus piezas, y en la que también colaboró traduciendo y anotando los ejemplares dedicados a Italo Calvino y Carlos Pellicer.

La Jornada reseña el sepelio.

El “valiente” y “culto” público  “comentarista” de las redes sociales, periódicos, semanarios, portales, etc., por su parte, se ensaña brutal y bestial contra Javier Sicilia y su llamado a la cordura con el barato y bruto argumento de su “protagonismo”. ¡Hermoso pueblo es este, que a lo bueno dice malo y a lo malo, bueno!

Un pueblo que desprecia y mata a sus poetas no vale nada, ni el aire que se emplea para pronunciar su nombre ni el tiempo que se gasta defendiéndolo. Quizá todo lo que sucede es más que merecido. Feliz enajenación y embrutecimiento, compatriotas…

TZOMPANTLI #1: YO LO PREGUNTO

Posted in Tzompantli with tags , , on 2 noviembre, 2011 by teseos30

Yo, Nezahualcóyotl, lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.

Nezahualcoyotzin,

Señor de Texcoco y de nuestra poesía elegíaca

METAFÍSICA #2: HEIDEGGER VS ESTÉTICA

Posted in Metafísicas with tags , , , , , , on 12 noviembre, 2010 by teseos30

Les presento el texto íntegro de la ponencia que leí el día miércoles 10 de noviembre de 2010 en la Facultad de Filosofía de la UAQ, en la mesa de Filosofía Contemporánea, en el marco de las celebraciones del 8º día Internacional de la Filosofía. Son ideas que necesariamente requieren de pulimento y profundización, pero todo pensar digno de tal nombre emerge de un modesto germen. A ver qué les parece:

 

HEIDEGGER VS ESTÉTICA

Es más que un tópico desgastado señalar la influencia que ha ejercido el pensamiento de Martin Heidegger en la historia reciente de la filosofía. Mucho se ha remachado sobre su doble condición de santón y villano del pensar. Rey secreto del pensamiento o sibilino charlatán; creador de pseudo-problemas, de retóricas e intragables cortinas de humo. Sí, es ya demasiado lo que se ha hablado y escrito; sin embargo, conscientemente caigo en el tópico y voluntariamente insisto en él. En primer lugar, porque me da la gana; ustedes me invitaron y ahora se aguantan. En segundo lugar, porque sin empacho confieso —una vez más— mi simpatía por la obra del susodicho: con orgullo y cinismo me reconozco heideggeriano recalcitrante, remiso y a ultranza. Aclarado el asunto, procedo a señalar las coordenadas del itinerario del día de hoy: Heidegger, estética, poesía, arte y muerte del arte.

 

La influencia del “corpus” heideggeriano no se ha limitado a nuestra disciplina. Siguiendo caminos tortuosos —no siempre rastreables a suficiencia, y no exentos de paradas en el snobismo pseudointelectual— nuestro Meister se ha convertido también en tópico en la insigne e ingente nebulosa del arte: esa que incluye su producción, difusión, crítica y comercialización. Una respetable cantidad de artistas, curadores, museólogos, críticos, especialistas y marchantes echan inopinada mano del pensamiento del filósofo de la Selva Negra para justificar obras, discursos, montajes, exposiciones y avalúos; o también para encumbrar o hundir artistas. No importa el nivel de comprensión que ostente el personaje del caso: la sola mención de la tríada Dasein—Heidegger—“existencialismo” ejercen un congelante poder de fascinación sobre públicos, lectores y audiencias. Basta su sola invocación para garantizar que en verdad se sabe de arte y pensamiento; de que ha hecho uno la tarea, de que se es un esteta experto, hecho y derecho.

 

El interés que Heidegger mostró sobre poesía y arte —reducido éste a las obras de arte visual y arquitectónico— parecieran justificar esta recurrente invocación. Sin embargo, penetrar más en el asunto nos mostraría la triste y árida realidad —una que seguramente no les gustaría mucho a nuestros amigos—: Heidegger no hace estética. Nada hay en él que nos autorice a deducir categorías ni valores de juicio, horizontes de interpretación, cánones, aparatos críticos, normas o productos similares, anexos, conexos y derivados. El horizonte en el que sitúa su pregunta sobre la esencia de la poesía y la obra de arte visual, es anterior a la tematización a la que la conciencia estética las somete por consigna y tradición. Arte y poesía son desentrañados desde un territorio que tiene preeminencia sobre cualquier otro: la pregunta directiva que interroga por el sentido del ser, la explanación del fenómeno del tiempo y la hermenéutica existenciaria del Dasein. Resumiendo: desde el originario horizonte que, abandonado por la tradición, busca reinaugurar la ontología fundamental. Desde la dirección que imponen estos cuestionamientos es que poesía y arte interesan a Heidegger y sólo desde esa dirección. Inútil sería buscar otro enfoque o pretender deducir principios para dirimir dudas y disputas sobre la calidad artística o poética de una obra x o y. Eso alcanza, obviamente, a su valoración monetaria y mercantil. Así que, marchantes, ¡absténganse!

 

A Heidegger no le interesa el “valor estético” del poema o de la obra; éstos últimos sólo son destacables si cumplen con la peculiar y fundamental misión a la que son llamados por su propia esencia:

 

a)      hacer patente el conflicto que subyace a la distinción entre ser y ente; que subyace a la verdad misma en tanto aletheia: encubrimiento-develación del ser en el ente.

b)      hacer patente cómo ese conflicto compromete y confronta al Dasein con su propia entidad y su capacidad de —por lo menos— precomprender al ser e interrogarse por él,

c)      hacer patente la esencial pertenencia del Dasein a su propia mundanidad, temporalidad e historicidad,

d)      hacer patente la violencia —el inevitable atropello— que todo lenguaje —incluido el artístico— ejerce sobre el ser, sobre lo ente y sobre sí mismo en cuanto comparte la forma de ser del Dasein: todo hablar abre un claro donde se destaca y diferencia el ente del ser, pero que emboza a la par su sentido y lo obscurece. Todo hablar nos acerca y nos aleja, a la vez, de aquello que nos expresa o pretende expresar.

 

Todo ello tiene preeminencia y preferencia sobre cualquier otra forma de experimentar arte y poesía, y de teorizar sobre ambos. En su conferencia sobre “Hölderlin y la esencia de la poesía”, Heidegger lo deja muy en claro despojando a la poesía de todo valor cultural, estético, místico, delectante, expresivo y lúdico:

 

“No es la poesía un simple y adventicio adorno del Dasein, ni transitoria exaltación espiritual, entusiasmo o entretenimiento. La Poesía es el fundamento y soporte de la historia; no una simple manifestación cultural, menos aún ‘expresión’ del ‘alma de una cultura’”[1]

 

El arte, la poesía —antes que “productos culturales”, objetos de estudio, veneración, admiración, conservación, restauración y especulación mercantil— son formas señaladas y privilegiadas de la existenciaria lingüisticidad del Dasein: trascienden el nivel de la llana comunicación, de la simple estructura sintáctica y semántica, del estilo y la forma. Poesía y arte tienen un grave compromiso con lo que mientan: el ser, lo ente, el Dasein, la temporalidad, la historicidad, el fundamento y su ausencia. La Nada incluso. Su compromiso es, precisamente, fundamental: “fundación por la palabra y sobre la palabra”[2], “poner al descubierto al Ser, para que en él aparezca el ente”[3] y poner “la verdad en obra”[4]. Su tradicional vinculación con la belleza —e incluso su reducción a ella— se rompe y desvanece ante la primacía de la verdad del ser develándose a través de ellos:

 

“La verdad es el desocultamiento de lo ente en cuanto ente. La verdad es la verdad del ser. La belleza no aparece al lado de esta verdad. Se manifiesta cuando la verdad se pone en obra. Esta manifestación… es la belleza. Así, lo bello tiene lugar en el acontecer de la verdad. No es algo relativo al gusto…”[5] sino a la vivencia de esa verdad. La esencia del arte, entonces, “se comprende tan poco a partir de la belleza tomada en sí misma como a partir de la vivencia.”[6]

 

La reducción del problema del arte, su creación, interpretación y recepción al problema de la belleza y su canon se ciegan a su condición fundamental. Por eso mismo, en la citada conferencia sobre Hölderlin, Heidegger admite la superioridad formal-estética de otros poetas sobre aquél; pero aclara que lo ha elegido porque en su obra se hace patente, de manera efectiva, la reflexión de la poesía sobre su propia esencia y su relación con la verdad. El ser y su develación priman sobre la belleza, sobre el carácter formal y sobre la materialidad de la obra misma. La obra tiene una tarea que debe cumplir al margen de cualquier opinión estética más o menos documentada o respetable: debe poner en obra, en acción, la verdad del ser. La belleza, la forma, el estilo, la plusvalía; son totalmente secundarios a la luz de esta tarea y su cumplimiento. La estética, desde este punto de vista, nunca encontrará suelo pues se limita el ser de la obra a su inmediato “ser cosa”, ente que no supera el nivel de ser “ante los ojos”. Ello nos hace patente, además, el atropello que ejercen los actores involucrados en lo que ahora da en llamarse “consumo artístico” o “consumo cultural”. Abordar al arte desde esta perspectiva, lo reduce a esa primitiva coseidad y neutraliza su vital rendimiento simbólico, vivencial y ontológico: lo degrada de escenario de la revelación-ocultamiento del ser al nivel del útil y la cosa. Por lo general, la obra se comercializa, se difunde y se exhibe por razones absolutamente ajenas a ella misma, su origen y sus alcances.

 

Otro aspecto que nos muestra, asimismo, el carácter no estético del pensamiento heideggeriano sobre arte y poesía es su afirmación de que el ser del Dasein es poético: “poéticamente es como el hombre hace de esta tierra su morada”[7] y de que es la vivencia del Dasein la que da ser, vida y sentido a la obra. Agotándose esa vivencia y esa apropiación del mundo a través de la obra por parte del poeta, el artista y el público, se agota el arte mismo e, irremediablemente, muere[8]. La estética, la crítica, la comercialización, fallan rotundamente en su apropiación de obra y poesía, pues lo hacen a través de la congelación de la obra en su ser cosa, en su ser objeto entre objetos, en su ser mercancía; despojándola de su carácter vivencial, de experiencia vital que compromete al Dasein con el ser y con su propio ser.

 

Para Heidegger, como en Hegel, el arte está condenado a muerte —y con él la estética y sus periféricos—, pero no por el cumplimiento de un despliegue del Espíritu que puede prescindir en su nivel del arte y su experiencia; sino porque la vivencia originaria que se expresa en el arte y que experimenta el Dasein del caso ante la obra, necesariamente se va apagando y perdiendo a través de los siglos. Tal como dice Heidegger que pasa en la historia de la filosofía y de la cultura occidental: las experiencias originarias se van ocultando, desvirtuando y anquilosando bajo las capas endurecedoras que la tradición va arrojando sobre ellas. Quizá es por eso que ahora en el arte muchos son los que vuelven al origen: los unos porque no tienen nada nuevo que decir; los otros —los menos— porque reconocen que el origen sigue resonando, oculto bajo el concierto de quienes lo desestimaron, pues todavía tiene mucho que decir. Gracias.

 

José María Guadalupe Cabrera Hernández

 


[1] Heidegger, Martin. Hölderlin y la esencia de la poesía. Trad. Juan David García Bacca. Ed. Anthropos. Col Pensamiento crítico/pensamiento utópico nº 46. España 1989; pág. 31.

[2] Idem., pág. 29.

[3] Ibid.

[4] Heidegger, Martin. Caminos de bosque. “El Origen de la obra de arte”. Versión de Helena Cortés y Arturo Leyte. Alianza Editorial. Ensayo nº 073. España, 1998; pág. 58.

[5] Ibid.

[6] Idem, pág. 59.

[7] Heidegger, M. Hölderlin y la esencia de la poesía; pág. 37.

[8] Cf. Heidegger, Martin. Caminos de bosque. “El Origen de la obra de arte”; pág. 58.

 

BIBLIOFAGIA #1: “INCISIONES SOBRE ESCISIONES” DE JUAN HORACIO GARIBAY

Posted in Bibliofagias with tags , , , , , , on 21 octubre, 2010 by teseos30

Hace ocho años tenía mis serias reservas sobre esto de la “blogueada”; pensaba, en base a los casos vistos, que era cosa de quinceañeras (os) caguengues, babosos y exhibicionistas y nada más. Será que me he vuelto caguengue, baboso y exhibicionista de tanto convivir con adolescentes —o quizá no—. La cosa es que ya le he entrado a este rollo y, la verdad sea dicha, sí me late. Le ofrece a uno la oportunidad de expresar cosas que, a pesar de ser buenas, a veces parecían condenadas a quedarse en el tintero.

 

Pero, ¿por qué hago referencia a ocho años atrás? Pues porque el otro día entre el relajo de mis libros me encontré un ejemplar de la obra “Incisiones sobre escisiones”, de mi amigo Juan Horacio Garibay. Al encontrarlo —todo polvoso— me vinieron recuerdos de la vez que fui invitado a formar parte de la mesa que presentaría ese libro en la Sala Audiovisual de la Facultad de Filosofía de la UAQ, hace precisamente ocho años. En la mesa, además de mi estimado cuate Juan Horacio, se encontraba mi amigo y maestro Antonio Arvizu Valencia, todo un expertazo de la Estética. Menuda tarea compartir la mesa con gente tan genial; se siente uno algo cohibido (bueno, nomás tantito).

 

Al tener el polvoriento libro en mis manos recordé que en algún lugar debería estar el texto que redacté para leer en esa ocasión. Ayer, después de voltear la computadora al revés, apareció el escrito de marras. Tanto el libro como el texto conservan su energía y su espíritu; dignos de aparecer en este renegado y renegón espacio. Por eso les presento mi lectura, a ver si se animan a asomarse a la obra completa de Juan Horacio, un tipo de cuidado y gran talento. ¡Salud!

 

Garibay, Juan Horacio

dosfilos editores

colección: única

Zacatecas, México 2002

 

Incisiones sobre escisiones es, ciertamente, un libro al que no se puede ignorar o menospreciar. Un libro provocativo, exasperante, irritante. Es, ante todo, y quizá contra su intención, un libro congruente, tanto con su propio nombre como con lo que éste nombra: hace incisiones sobre escisiones, insiste y remacha sobre fronteras señaladas y cardinales, por lo menos en lo que respecta a la cultura occidental: las existentes entre la “ontología y la poética, entre lo decible, el deseo y lo indecible; o mejor todavía, entre la escritura, la repetición y Dios”[1]. Tocar puntos neurálgicos tarde o temprano nos lleva, evidentemente, a la neuralgia y a ella nos conduce ciertamente el libro de Juan Horacio Garibay. Nos lleva al vértigo del que oscila sin reposo entre la literatura y la filosofía; del que vaga entre ambas sin atarse a ninguna, pero impregnándose de ellas.

 

Garibay, en el proemio a su libro, nos dice que el de la escritura es el único riesgo que asume. ¿Cómo se podría interpretar tal afirmación? ¿Como la advertencia de un poeta que se abalanza, con fruición y angustia, sobre el abismo de lo inefable? ¿Como el anuncio jactancioso y temerario de un escritor que sabe que su oficio reúne en sí, y entre otras cosas, la jactancia y la temeridad? ¿Como la afirmación de uno que sabe que la apuesta por la literatura, aun ceñida por el aura del arte, como cualquier otra apuesta, entraña en sí la posibilidad de ver frustradas las propias expectativas (incluso, las de no generar ninguna expectativa, o, en este caso, a las de no adherirse “doctrinariamente a nada”, a las de sujetarse a la “lógica del azar”)? ¿Como la despedida de alguien que va a emprender un itinerario imposible y, por tanto, único?

 

O, tomando en cuenta el espacio en el que hoy se presenta su libro, a saber, el espacio de la filosofía académica, del pensar hecho institución, del sínodo grave y circunspecto que exige la argumentación rigurosa, ¿no será la advertencia de alguien que sabe que la proximidad de los lindes y caminos de la literatura y la filosofía las convierte, a lo más, en vecinas (ora cómplices ora pendencieras), pero que nunca las identifica? ¿Habla entonces uno que sabe que “una cosa es contar cuentos de los entes y otra es apresar el ser de los entes”[2], como decía Heidegger? ¿Habla uno que recuerda que aún resuena la voz emblemática del Platón de la República señalando que “es ya antigua la discordia entre la filosofía y la poesía”[3]? Lo cierto es que habla uno que reconoce y afirma lapidariamente que “el filósofo, a diferencia del poeta, quiéralo o no, está comprometido con la verdad”[4] y que este compromiso (asumido o no) establece una escisión entre el escritor y el filósofo. Garibay afirma pues que asume únicamente el riesgo de escribir, el riesgo de transitar por un territorio que no se compromete con la verdad, sino que es escenario “del azar, la sorpresa y la eclosión”[5], y lo afirma precisamente en la cueva del lobo: en esta, la casa del concepto, del logos que se enfrenta al mythos, de la episteme que exilia a la poesía hacia el dominio de la doxa. Se antoja, quizá, una batalla campal o, algo más común, una mutua indiferencia.

 

Pero, estamos de suerte, que Garibay nos lleva presta y atinadamente hacia la paradoja, hacia esa incómoda tierra de nadie y de todos: aun oponiéndose a la filosofía, Garibay nos dice que “la poesía continúa apestando a Apolo porque recurre fatalmente al concepto”[6]. Así, aun a pesar de su brillante hybris, cae Garibay fatalmente en las garras de Sofía, como cualquiera que ha probado su caricia alguna vez: bien lo supo Platón cuando entregó su poesía a las llamas. Hablando sobre Novalis, Garibay nos recuerda que, de la muerte del filósofo, “de esa muerte surge el poeta”[7]. Pero esta es una frase reversible: aquí surge la filosofía (quiérase o no) de entre las cenizas de la poesía. Asumir el riesgo de la escritura implica aceptar una frase de Nietzsche que Garibay mismo inserta en el segundo ensayo de su libro y que sentencia que “la palabra actúa primero sobre el mundo de lo conceptual, y sólo desde él lo hace sobre el sentimiento; más aún: con bastante frecuencia no alcanza… su meta, dada la longitud del camino”[8]. La oscilación entre poesía y filosofía, por lo menos en el libro de Garibay, quizá se deba a que, al llegar a una, nos rechaza y nos arroja sobre la otra y viceversa.

 

Todo se trata de lindes y territorios al fin y al cabo: de hacer incisiones sobre las escisiones que presentan y padecen, ya sea de grado o por fuerza, tanto la literatura como la filosofía en sus propios desarrollos. Garibay plantea un oximoron: según sus propias palabras, en su libro pretende “desplegar un conjunto amorfo y fragmentario de ensayos que no se unen doctrinariamente a nada, ni explicitan verdades, sino que tienen el propósito de descubrir el territorio de la indefinición para dar paso a una imprecisa articulación de formas”[9]. Nos advierte que, a pesar de cualquier intento de ubicar sus disquisiciones dentro de ciertas tendencias del pensamiento, “su continuidad y su relación responden a la lógica del azar donde, como se sabe, sólo puede caber la sorpresa”[10]. Todo esto con la conciencia de que el territorio define y la lógica conjura el azar. Se arroja de lleno a las paradojas, quizá con plena convicción de esa frase suya que afirma que “el filósofo, inevitablemente, cae en paradojas: siempre quiere decir más de lo que se puede decir o decir lo que no se puede decir…”[11]

 

Es difícil la aventura que emprende Garibay: encerrar la indefinición en la escritura y, encima, montar el azar en la elegancia erudita de un lenguaje que, paradójicamente (como todo en este libro), abomina de la erudición (por lo menos esa parece ser su intención). Paradójicamente, Incisiones sobre escisiones, es un libro que requiere de la erudición; tanto para montar su elogio como para denostarlo. Paradójicamente, para establecer lo que hace de cada ensayo la exploración de una escisión, requiere de esa lógica que, según Garibay, “por definición encierra autoritarismo”[12].

 

Como mi erudición es poca y fracasé en un ejercicio de lógica del azar, al leer el trabajo de Garibay puse más atención a mis favoritos de siempre una vez que los encontré en el libro: Heidegger, Nietzsche, Bataille, Kafka, puestos bajo la lupa de una manera muy inteligente. Es también de señalarse la interesante caracterización de sadismo y masoquismo que Garibay realiza en el sexto ensayo. Sobre el resto sólo puedo decir que Garibay se muestra como un gran conocedor de los literatos claves de la literatura moderna, de ello dan fe la exquisitez y minuciosidad de los discursos que describen los universos e infiernos (internos y externos) de Ducasse, Novalis, Joyce, Baudelaire y Trakl. Con maestría los une para incitarnos a la pregunta por la relación entre la vida, el arte y la filosofía: es decir, a lo que es propio del filósofo. La canción es para el poeta.

 

Incisiones y escisiones es un libro que vale la pena leer si se piensa lo que nos dice Garibay en la página 92: que “es demasiado estólido apostar a la racionalidad cuando lo irracional se impone”. Vale la pena también porque nos da la oportunidad de invertir y distorsionar la frase en un momento en que, como el actual, es más que pertinente invertirla y distorsionarla: “es demasiado estólido apostar a lo irracional cuando lo racional es necesario”.

 

Post scriptum RENEGÓN

Me atrevo a decir lo siguiente sin el menor ánimo de ofender. Incisiones sobre escisiones sería un libro perfecto, a mi juicio, sin la presencia del buen Dios. Como muchos dicen de Descartes, pienso que Garibay no necesitaba invitarlo a su libro. Pero esa es sólo mi opinión. Gracias.

 

José María Guadalupe Cabrera Hernández


[1] Garibay. Incisiones sobre escisiones, p. 9

[2] Heidegger, Ser y Tiempo, p. 49

[3] Platón. República X, 607b

[4] Garibay, Incisiones sobre escisiones, p. 17

[5] Id., p. 104

[6] Id., p. 17

[7] Id., p. 70

[8] Id., pp. 17-18

[9] Id., p. 9

[10] Ibid.

[11] Id., p. 17

[12] Id., p. 104