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EXABRUPTO #20: EL ACOSO EN CIENCIA, RECURRENTE

Posted in Exabruptos with tags , , , , , , , on 12 agosto, 2014 by teseos30

Les presento la traducción que hice del artículo “Harassment in Science, Replicated”, de Christie Aschwanden, aparecido en el New York Times el 12 de agosto de 2014.

Es interesante, pues nos muestra que el ámbito científico nunca estará exento, ni en su práctica cotidiana, ni en la aplicación de sus resultados en el mediano y largo plazo, de una dimensión ética. Aunque muchos difusores de la ciencia se empeñen en mostrar ese ámbito como un círculo impoluto compuesto por gente entregada casi monásticamente y por completo al conocimiento, lo cierto es que los científicos son humanos, y esa humanidad termina por colarse hasta donde ellos no quisieran.

Lean y opinen al respecto:

 

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Imágen de Katherine Streeter, aparecida en el New York Times, el 12 de agosto de 2014

EL ACOSO EN CIENCIA, RECURRENTE

 

Cuando  era estudiante de licenciatura en biología, durante un verano pasé varias semanas en Costa Rica junto con un estudiante de postgrado, en un proyecto de investigación a desarrollarse en las profundidades del bosque nuboso. Sólo éramos nosotros dos, y al llegar a nuestro sitio, descubrí que él había solicitado sólo una habitación para ambos, la cual contaba solamente con una cama individual.

Avergonzada, pero temerosa de ser etiquetada como mojigata o difícil, no hice ningún aspaviento. Al día siguiente abordé al hospedero y le solicité una cama para mí. El asunto terminó allí, y mi jefe estudiante  no hizo más intentos por acercárseme.

Reflexionando, estoy sorprendida por lo mal preparada que estaba para hacer frente a una situación como esa, teniendo en cuenta, sobre todo, que en ese entonces  tenía 19 años. Mi universidad, obviamente, tenía una política con respecto al acoso, pero los recursos que pudiesen haberme servido estaban a  miles de kilómetros de distancia. Estaba sola en un país extranjero y nunca había recibido ningún tipo de formación sobre el ejercicio de mis derechos ni sobre los recursos de los que podía echar mano si me encontraba realizando trabajo de campo.

Me había olvidado de esta experiencia, sucedida hace dos décadas, hasta que leí un informe publicado el 16 de julio en la revista PLOS ONE (publicación que se presenta como una fuente inclusiva, revisada por pares, de acceso abierto, dependiente de la PLOS, Librería Pública de Ciencia, por sus siglas en inglés). En ella, Kathryn Clancy, antropóloga de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, y tres colegas suyas invitaron a varios científicos, por medio de correo electrónico y las redes sociales,  a llenar un cuestionario en línea sobre sus experiencias con el acoso y el asedio sexual en los sitios de trabajo de campo. Rcibieron 666 respuestas, tres cuartas partes de ellas por parte de mujeres  pertenecientes a 32 disciplinas científicas, incluyendo antropología, arqueología, biología y geología.

Casi dos tercios de los encuestados dijeron que habían sido objeto de acoso sexual en el campo. Más del 20 por ciento reportó haber sido asediado sexualmente. Los estudiantes o investigadores postdoctorales, y las mujeres eran más propensos a  declararse víctimas de sus superiores. Muy pocos de los encuestados dijeron que su área tuviese un código de conducta o una política contra el acoso sexual, y de los 78 que se habían atrevido a denunciar los hechos, menos del 20 por ciento se mostraron satisfechos con el resultado del proceso y las pesquisas.

Los hallazgos son deprimentemente similares a los datos que algunos colegas y yo recabamos este año a partir de un cuestionario online enviado a los escritores científicos. Recibimos respuestas de 502 escritores, en su mayoría mujeres, y presentamos nuestros resultados en el MIT en junio durante el encuentro Soluciones Summit 2014: Women in Science Writing, en una conferencia financiada por la Asociación Nacional de Escritores Científicos.

Más de la mitad de las mujeres encuestadas dijeron que no fueron tomadas en serio debido a su género, una de cada tres había experimentado un retraso deliberado en su promoción profesional, y casi la mitad dijeron que no habían recibido crédito por sus ideas. Casi la mitad, asimismo, dijo que  habían sido objeto de piropos o comentarios con connotación sexual, y una de cada cinco, que habían padecido contacto físico no solicitado.

Dado su carácter voluntario, no se puede pretender que este informe nos revele la verdadera incidencia de la discriminación sexual y acoso entre los científicos y escritores de ciencia. Aún así, el volumen de respuestas envía un mensaje inequívoco: Cuatro décadas después de que el Title IX (Enmiendas a la ley de Educación de 1972) prohibiera la discriminación por cuestión de sexo en la educación pública y 23 años después de que Anita Hill pusiese el acoso sexual en el centro de atención, el sesgo sexual y el acoso siguen obstaculizando el progreso de las mujeres.

La Dra. Clancy dice que decidió recopilar todos esos datos después de ser abrumada por las respuestas a una publicación en su blog en la revista Scientific American en 2012. Una estudiante, con el pseudónimo “Hazed”, relató su vida en el programa de posgrado:

Mi cuerpo y mi sexualidad eran discutidos abiertamente por mi profesor y los estudiantes varones. Hacían comentarios sobre el gran tamaño de mis pechos, y especulaban sobre mi historia sexual. Ella señaló que su profesor “a menudo bromeaba diciendo que sólo a las mujeres bonitas se les permitía trabajar para él, lo que me llevó a preguntarme si mi intelecto y habilidades nunca habían tenido alguna relevancia .

Los comentarios y los correos electrónicos le llovieron. La Dra. Clancy señala que La historia pronto se convirtió  en dos, y éstas rápidamente en casi un centenar.

De manera similar, nuestra encuesta de escritores científicos sacó a la luz acusaciones de acoso, las cuales fueron muy publicitadas, contra un prominente editor, quien fuese mentor de muchas escritoras. Esos incidentes las llevaron  a publicar sus historias de discriminación en el ámbito profesional.

En el mundo académico, las acusaciones de acoso o asedio sexual por lo general se manejan internamente, señala la Dra. Clancy, lo cual deriva comúnmente en encubrimientos, especialmente entre los perpetradores que cuentan con la influencias y poder. “He escuchado muchas historias sobre el profesor al que no se le permite estar nunca más en una habitación con X, Y y Z “, señala . A veces, los perpetradores incluso se benefician, librándos de sus labores docentes manteniendo, no obstante, sus puestos de trabajo.

El acoso entre los escritores de ciencia generó un hashtag, #ripplesofdoubt, para describir cómo el acoso socava a las mujeres. Algunas mujeres que habían sido descartadas para ciertos puestos de trabajo se preguntaban si habían sido rechazados por su apariencia y no por su trabajo. Otras temían no  haber alcanzado sus posiciones en base a sus méritos.


De hecho, los datos sugieren ciertos sesgos en las tomas de decisiones de los tutores. En un estudio publicado este año, un equipo de investigadores dirigido por Katherine L. Milkman, de la Universidad de Pennsylvania, enviaron cartas idénticas, de supuestos estudiantes, a más de 6.500 profesores de 259 universidades, en las que solicitan discutir sobre oportunidades de investigación. Los profesores eran más propensos a responder a un correo electrónico de “Brad Andersonque de los aspirantes ficticios con nombres comoClaire Smith” oJuan González”. Es evidente que tal sesgo perpetúa la discriminación.

Nuestro mundo es pequeño y nuestros recursos son escasos, dijo otra de las autoras del informe de PLOS ONE, Julienne Rutherford, antropóloga biológica en la Universidad de Illinois en Chicago. Si las mujeres son disuadidas o excluidas de siquiera un puñado de oportunidades, continuó, la pérdida para la ciencia es enorme.

El año pasado, durante la conferencia anual de la Asociación Nacional de Escritores Científicos, me reuní con cinco importantes escritoras de ciencia para presentar al público los datos que habíamos recabado sobre las disparidades de género  que se presentan desde el empleo de citas textuales en publicaciones, hasta en la asignación de  trabajos de alto nivel, premios y salarios. Asimismo, narramos nuestras  historias personales sobre estos tiempos, en que nuestro género se torna en un obstáculo para el avance de nuestras carreras.

Al terminar, se formaron largas filas de gente de la audiencia que se puso de pie, tomó los micrófonos y compartió sus propias historias. Las mujeres jóvenes dijeron de ser acosadas desde el principio. Periodistas experimentadas recordaron a sus jefes manolargas.

Los hombres asistentes también se levantaron para ofrecer su apoyo. El director de un prominente programa de publicación científica prometió que la próxima vez que alguna de sus alumnas le señale que está siendo acosada, iba a intervenir. (Al parecer, no se le había ocurrido antes.)

No obstante, la mayoría de los hombres ni penan ni se acongojan sobre esta situación, pues tienen un papel dominante en este ámbito. Hace unos años, durante un viaje de estudio en una conferencia de periodismo, tuve una agradablen conversación con uno de los  oradores principales. Cuando nos separamos, él me dijo, delante de otros dos hombres, Tu marido no debería dejar que salieses de casa.”

Los dos hombres hicieron caso omiso de este insultante intento de cumplido. Era más fácil para ellos ignorarlo que llamarle la atención a un amigo, y el comportamiento de ambos dio por entendido que estaba bien que se me tratase así.

Si el acoso o la discriminación tienen lugar en un área de trabajo de campo en Costa Rica o en una sala de conferencias, el problema no se resolverá con nuevas leyes archivadas en  sitios web que nadie lee. La responsabilidad de revertir esta situación no debe recaer exclusivamente en las víctimas. Las soluciones requieren un cambio cultural que sólo puede darse desde dentro.

Se requiere que los directores ejecutivos, jefes de departamento, directores de laboratorios, profesores, editores y redactores en jefe tomen una posición firme al respecto y digan: “No bajo mi custodia o mi gestión. No me importa si eres mi amigo o mi colega favorito; nosotros no tratamos a las mujeres de esa manera”.

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Christie Aschwanden, escritora científica de Colorado, USA, es colaboradora frecuente de  Science Times.

 

Traducción al castellano de José María Guadalupe Cabrera Hernández

 

 

 

EXABRUPTO #6: ELOGIO DE LA HIPOCRESÍA

Posted in Exabruptos with tags , on 5 agosto, 2011 by teseos30

Me río de la gente que dice no ser hipócrita,

río de la gente que dice ser siempre sincera,

río de la gente que dice odiar la mentira,

río de la gente que afirma decir siempre la verdad,

que dice no tener dobles intenciones,

no tener nada que ocultar,

no tener un alter ego albergado en el corazón.

Que afirma no haber claudicado —o desfallecido— en el cumplimiento de sus valores o antivalores; ora impuestos, ora autoasumidos.

Que asegura nunca haber roto una promesa en pro de conservar el pellejo, una posesión, un interés, un deseo, un afecto, un prestigio real o ilusorio.

Que alega nunca haber vencido la tentación sucumbiendo a ella, empapándose y ahogándose en la ambigua dulzura de su aroma, de su sabor, de su textura, de su voz, de su presencia, manifestación y fuga.

De los antimoralistas que, ilusos, ignoran (o pretenden ignorar) que, en su rabia e ímpetu “transgresor”, sólo intercambian una moral por otra. Lo único que hacen es cambiar sus cadenas previas por aquellas que más les placen. Todos arrastramos los grilletes que nuestras acciones y nuestros deseos nos han adquirido a pulso.

A la menor provocación hasta el más pintado “liberal” se refugia en el fortín de las normas.

Esos son los primeros hipócritas, mentirosos y siniestros.

Son excelentes por serlo doblemente.

Nadie se salva en este planeta de los “gustos culposos”

ni de un deseo vergonzante.

Y si alguien alza la mano diciendo

que está libre de pecado,

¡no le creo! y me río hasta la muerte.

Maldita la hora en la que la hipocresía fue proscrita y convertida en algo asqueroso, condenable y nefasto. Con ello el cristianismo negó —junto con nuestra sensualidad y nuestra racionalidad— uno de nuestros rasgos determinantes. Rabbí,  tachaste de hipócritas —sepulcros blanqueados— a fariseos y saduceos, pero ¿qué mayor hipocresía que hacer del amor religión, salvaguardando y afirmando a la vez las piedras que hacen tropezar y caer a los hombres una y otra vez en su propia condición y, por tanto, en el castigo inexorable de un dios pronto para la ira y lento para el perdón? ¿Qué mayor hipocresía que ser adorado por hipócritas en altares erigidos y consagrados por hipócritas? ¿Qué mayor hipocresía que la de mantener en pie la Ciudad del Mal con el fin de que sirva de fondo contrastante para el esplendor fulgurante de la “bondad” divina? Rabbí, Rabbí…

Por eso hoy, hago mi elogio de la hipocresía.

Hipócrita es nuestra cultura e historia de punta a cabo.

Es la argamasa que une las piedras

de la fábrica de nuestra civilización,

de nuestro arte,

de nuestro amor.

¡Alabada seas, Hipocresía!

Quizá seas la única verdad incontrovertible…

José María Guadalupe Cabrera Hernández

EXABRUPTO #3: ALEJANDRO JODOROWSKY Y LOS DERECHOS DE LOS HIJOS

Posted in Exabruptos with tags , , , , , on 10 octubre, 2010 by teseos30

Me choca cuando alguien me dice “Por algo pasan las cosas”. Me choca porque se me hace un abuso y una bobería imperdonable creer la “coelhada” de que “cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla” (¡recontrapuaj!) o que todos recibimos tarde o temprano nuestro merecido, o que “hay un dios, no lo olvides”. Por salud mental y moral a ese señor y sus periféricos, anexos y conexos, los mandé a paseo hace ya mucho tiempo y la verdad, desde entonces, las cosas son más sencillas, digeribles, racionales y, sobre todo, humanas (como debe de ser). No a todos los que obran bien se les trata como merecen y eso es más claro con los que obran mal. Hay gente que todo lo hacía como lo pide el manual y aun así la trataron como basura y le dieron un buen puntapié en el trasero. Hay criminales que amasan fortunas y gozan de buena salud, mientras que hay gente buena y honrada que apenas si tiene para comer y vestir, padece enfermedades atroces o es atropellada por un pinche chimeco amante del pasito duranguense. Eso es más del estilo de la indolente Madre Naturaleza que del barbón-al-que-todos-se-l’hincan.

 

Pienso que la vida se hace más bien de coincidencias; afortunadas, desafortunadas y otras, de plano, insufribles e indeseables. Hace cinco años, aproximadamente, se dieron en mi vida algunas coincidencias curiosas —en medio de algunas precisamente insufribles e indeseables— de las que narraré una que en verdad me llamó la atención por su alcance estético y moral.

 

En ese entonces impartía yo el Taller de Lectura y Redacción en el Colegio Nacional de Danza Contemporánea (CONADACO). Entre las actividades que realizábamos en clase, les pedía a mis alumnos escoger, por votación y consenso, un libro para leer en voz alta en clase. El libro debería ser una novela de un autor hispanoamericano y de mediana envergadura; lo primero, para evitar la divergencia entre traducciones y, lo segundo, para alcanzar a concluir su lectura en el semestre. Esa generación me tocó bastante “curiosita” y en la mayoría era evidente su aversión a la lectura y al trabajo, pero aun así escogieron un libro bastante choncho y que, a la postre, se mostraría de difícil lectura y comprensión para ellos —unos, incluso, me confesarían después que se arrepintieron de haberlo escogido—. Se trataba de “La danza de la realidad”, de Alejandro Jodorowsky. Era más que evidente que se habían dejado llevar por el nombre del libro que, además de no hablar sobre danza ni coreografía, no es novela, sino unas peculiares e intensas memorias de su autor.

 

El libro es muy rico y, salvo algunos puntos que en verdad me parecieron inaceptables —tanto literaria como moralmente—, está lleno de valiosas lecciones de vida. Entre estas últimas, se encuentra un pequeño discurso que me tocó en verdad. Me tocó por su belleza y profundidad. Me tocó, también, por esa coincidencia a la que hacía referencia más arriba. Trata sobre los derechos de los hijos y me llegó porque en ese momento mi hijo venía en camino; me hizo evidentes algunos errores que cometí y que pude haber evitado de haber tenido claros la mente y el corazón. También me mostró algunos errores que mis padres cometieron conmigo y mis hermanos, y que quizá le sean imputables a la mayoría de los padres del mundo. Pero definitivamente, me llevó a la decisión de tomar en serio mi condición de padre en ciernes —ignorante, inexperto, y por lo mismo, peligroso— y hacer el compromiso de hacer todo lo posible para no protagonizar un pésimo papel en el capítulo más determinante de la vida de mi hijo aún nonato. Y aun con esas intenciones, falla uno; “pior” les va a quienes ni siquiera tienen la conciencia o la voluntad.

 

Como heideggeriano a ultranza, empedernido y recalcitrante, considero que efectivamente estamos arrojados en este mundo y que los responsables de ese “arrojamiento” son nuestros padres; y que al asumir nosotros ese mismo papel, somos nosotros quienes arrojamos a nuestros hijos —sin tomarles parecer— a una existencia frágil, difícil, llena de vicisitudes y que sólo tiene a la muerte por salida. Como dice Heidegger, estamos arrojados a la libertad y responsabilidad de nuestras posibilidades; pero lo que no dijo don Martín, es que los padres somos los responsables de arrojar a un inocente Dasein a ese predicamento. Y no hay vuelta de hoja, la asumamos o no, la responsabilidad está ahí y yo diría que es, sin lugar a dudas, existenciaria y, por tanto, irrenunciable.

 

Pero, bueno, volviendo a Jodorowsky y a la coincidencia. Les decía que el discurso me llegó en buen momento, que me tocó estética y moralmente por su belleza y profundidad, y es por eso que hoy lo quiero compartir con ustedes. Como hijos, verán a sus padres de otra manera. Si son padres o están a punto de serlo o desean serlo —y si además tienen dignidad, vergüenza, conciencia y no son cínicos o brutos (o ambas cosas)— este texto los despertará, los tocará —como lo hizo conmigo— y necesariamente los inspirará a ser buenos “arrojadores”. Provechito:

 

“Antes que nada, deberías tener el derecho a ser engendrado por un padre y una madre que se amen, durante un acto sexual coronado por un mutuo orgasmo, para que tu alma y tu carne obtengan como raíz el placer. Deberías tener el derecho a no ser un accidente ni una carga, sino un individuo esperado y deseado con toda la fuerza del amor, como un fruto que ha de otorgar sentido a la pareja, convirtiéndola en familia. Deberías tener el derecho a nacer con el sexo que te ha dado la naturaleza. (Es un abuso decir ‘Esperábamos un hombre y fuiste mujer’, o viceversa). Deberías tener el derecho a ser tomado en cuenta desde el primer mes de tu gestación. En todo momento la embarazada debería aceptar que es dos organismos en vías de separación y no uno solo que se expande…

 

Deberías tener el derecho a una profunda colaboración: la madre debe querer parir tanto como el niño o la niña quieren nacer. El esfuerzo será mutuo y bien equilibrado. Desde el momento en que este universo te produce es tu derecho tener un padre protector que esté, durante tu crecimiento, siempre presente. Así como a una planta sedienta se le da agua, cuando te interesas por una actividad tienes derecho a que te ofrezcan el mayor número de posibilidades para que, en el sendero que elegiste, te desarrolles. No has venido a realizar el plan personal de los adultos que te imponen metas que no son las tuyas, la principal felicidad que te otorga la vida es permitirte llegar a ti mismo. Deberías de tener el derecho a poseer un espacio donde poder aislarte para construir tu mundo imaginario, a ver lo que quieras sin que tus ojos sean limitados por morales caducas, a oír aquello que desees aunque sean ideas contrarias a las de tu familia. No has venido a realizar a nadie sino a ti mismo, no has venido a ocupar el sitio de ningún muerto, mereces tener un nombre que no sea el de un familiar desaparecido antes de tu nacimiento: cuando llevas el nombre de un difunto es porque te han injertado un destino que no es el tuyo, usurpándote la esencia. Tienes pleno derecho a no ser comparado, ningún hermano o hermana vale más o vale menos que tú, el amor existe cuando se reconoce la esencial diferencia. Deberías de tener el derecho a ser excluido de toda pelea entre tus familiares, a no ser tomado como testigo en las discusiones, a no ser receptáculo de sus angustias económicas, a crecer en un ambiente de confianza y seguridad. Deberías de tener el derecho a ser educado por un padre y una madre que se rigen por ideas comunes, habiendo ellos en la intimidad aplanado sus contradicciones. Si se divorciaran, deberías tener el derecho a que no te obliguen a ver a los hombres con los ojos resentidos de una madre ni a las mujeres con los ojos resentidos de un padre. Deberías de tener el derecho a que no se te arranque del sitio donde tienes tus amigos, tu escuela, tus profesores predilectos. Deberías de tener el derecho a no ser criticado si eliges un camino que no estaba en los planes de tus progenitores; a amar a quien desees sin necesidad de aprobación; y, cuando te sientas capaz, a abandonar el hogar y partir a vivir tu vida; a sobrepasar a tus padres, ir más lejos que ellos, realizar lo que ellos no pudieron, vivir más años que ellos. En fin, deberías tener el derecho a elegir el momento de tu muerte sin que nadie, en contra de tu voluntad, te mantenga con vida.”

 

Alejandro Jodorowsky

“La danza de la realidad. Memorias”

Ed. Grijalbo Mondadori

México 2001

pp. 68-70

 

 

 

 

Alejandro Jodorowsky

 

Visiten a este maestrazo en su blog:

http://planocreativo.wordpress.com/

EXABRUPTO #1: Contra los Herejes por Dogma, los Escépticos por Sistema o Rebeldes de Boutique…

Posted in Exabruptos with tags , , , , , , , , , on 30 marzo, 2010 by teseos30

Estoy más que convencido de que uno habla de lo que carece. Yo me la paso hablando de la razón, de la ecuanimidad, de la templanza, de la tolerancia y el respeto, de la diplomacia, de la fineza, de la responsabilidad, de la veracidad, la sinceridad y la honestidad porque carezco de ellas o no las tengo en la proporción que me gustaría o debería. Creo que deberíamos ser más humanos y demostrar nuestra capacidad de serlo. Si el mundo se está cayendo es porque no hemos tomado en serio la responsabilidad de ser lo que somos: seres racionales y conscientes.

Creo que la verdad existe, que no se deja mangonear por relativismos ingenuos (¿acaso hay de otro tipo?) y que nunca es tranquilizadora; que es pesada, que no cualquiera puede soportarla y compromete a quien la enuncia o quien la escucha.

Creo que hay más mérito en construir que en pararse triunfal sobre las ruinas y su miseria; sin embargo, creo que también es buen ejercicio despotricar contra lo que le choca a uno, por eso es que hoy dedico este primer exabrupto a la gente que también habla de lo que carece —sin reconocerlo o sin saberlo— y de la que por eso mismo desconfío y me burlo:

Desconfío y me burlo de quienes —de entrada y por sistema— se jactan de “liberales”, “rebeldes”, “escépticos”, que a todo llevan la contraria y también a los relativistas que a todo consideran “cuestión de enfoques” o que defienden la facilona, irresponsable y estúpida máxima que reza “que cada cabeza es un mundo” y que “todo depende del color del cristal con el que se mira”. Desconfío y me burlo de todos estos ingenuos infelices porque debajo de sus atractivos ropajes y seductoras poses de seres inconformes e “inadaptados” se asoma un ancianillo dogmático y gazmoño, incapaz de darse cuenta de que detrás su supuesta “libertad” y carácter ”indómito” una férrea moral hace su labor esclavizante. Nadie escapa a la moral, ni siquiera el rebelde más pintado, pues todos tenemos el “deber ser” enquistado en la conciencia…

Desconfío y me burlo de los que desdeñan el valor de la disciplina y la técnica en el arte, pues tal desdén es propio de dos tipos de personas: de los genios o de los ineptos; y ya se sabe que los primeros en verdad escasean…

Desconfío y me burlo de los que se jactan de “filósofos” y “poetas” (también de los que se burlan de la filosofía o desdeñan a la poesía) sin nunca haber leído seriamente a Platón, Aristóteles o Descartes, o sin haberse asomado siquiera a un solo verso del Cantar del Mio Cid, de la Ilíada o de la Divina Comedia: discurren, claman, vociferan, “cantan”, pero nunca filosofan ni poetizan (o no conocen de lo que se burlan o lo que desdeñan y por lo mismo son despreciables e insignificantes…)

Desconfío y me burlo de quienes —de entrada y religiosamente— se jactan de ser “viscerales” y hacen de la intemperancia y el desenfreno una virtud: es fácil ser visceral e intemperante mientras no se es víctima de un ser semejante. Todos somos leones mientras no nos recuerdan de un guamazo que somos ovejas.

Desconfío y me burlo de quienes se la pasan haciendo alarde de su fortaleza, intensidad e inexpugnabilidad: en el fondo de su corazón el fantasma de la pusilanimidad ha rentado un cómodo departamento, contiguo al de su prepotencia física y/o conceptual y simbólica.

Desconfío y me burlo de quienes no aprecian la cultura, la fineza y la diplomacia y hacen de la brutalidad y la crudeza su divisa. Los reto a tragarse una cebra sin aderezo alguno: si lo hacen sin perjuicio alguno para su salud —si alguna tienen— me convertiré en su más fiel seguidor. Hay quienes confunden la honestidad y la sinceridad con ser “directo” o “claridoso”; a esos les digo: Cuidado… la sinceridad es casi gemela del cinismo y sólo un paso los separa. Se ama al sincero, pero el cínico es un pobre diablo miserable, corto de mente y carente de lo que algunos llaman “espíritu”…

Desconfío y me burlo de los sermoneadores que se las dan de ser gente de mente abierta y no son capaces de escuchar a los demás ni abrirse a la posibilidad de que los otros pudiesen estar en lo correcto: cada día un virulento e inflexible inquisidor le devuelve el saludo en el espejo…

Desconfío y me burlo de aquellos a quienes todo les huele mal, que todo les parece mal o que ven intenciones ocultas en todo. Si todo les parece podrido quizá es porque llevan la podredumbre consigo…

 Por eso, la próxima entrega será sobre una lujuria.