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HERMENEIA #1: RAB HATFIELD Y LA “NATIVIDAD MÍSTICA” DE SANDRO BOTTICELLI (I)

Posted in Hermeneia with tags , , , , , , , , , , on 24 diciembre, 2012 by teseos30

En una entrada anterior había prometido analizar con mayor detenimiento esta  obra de Botticelli que siempre me ha parecido fascinante tanto por su gran belleza como por su ambigüedad.  A pesar de su pequeño formato (108.5 x 75 cm) su atmósfera general da la sensación de un trasfondo obscuro y difícil de desentrañar.  Y lo he podido constatar en mi búsqueda de fuentes de apoyo. Se trata de una de las obras de Botticelli que han inspirado innumerables análisis, investigaciones e interpretaciones.

Prometí que la analizaría, pero ahora me doy cuenta de que eso fue una fanfarronada. Habiendo mentes incomparablemente más capacitadas que la mía para esa titánica y difícil tarea, es una falta de respeto y de modestia el afirmar que yo emprendería tal hazaña. No me menosprecio, por supuesto, pero es apabullante la cantidad de estudios profundos, serios y rigurosos que se han hecho de la obra de este genial maestro del Quattrocento. Entre ellos he encontrado uno interesantísimo que parece no sólo ofrecer una muy plausible interpretación iconológica de la Natividad Mística, sino también mostrar de cerca la viva impresión e influencia que Girolamo Savonarola ejerció en la última etapa de la vida y la producción de Botticelli. El estudio al que me refiero es “Botticelli’s Mystic Nativity, Savonarola and the Millennium”, del Dr. Rab Hatfield, Historiador del Arte graduado en Harvard; este admirable y eminente experto del arte renacentista enseñó en Yale y encabezó, de 1982 a 2007, el Departamento de Historia del Arte de la Syracuse University en Florencia, Italia. Este excelente y profundo ensayo fue publicado en 1995 en  el Journal of the Warburg and Courtauld Institutes  (Vol. 58, pp. 88-114).

Aunque existen otros estudios e interpretaciones, en esta ocasión me ceñiré al trabajo de Hatfield, por ser quizá el mejor documentado que he encontrado (amén de algunos puntos polémicos o que  me parecen poco consistentes y que más adelante señalaré extensa y detalladamente).  Tanto así que me basé en él para enriquecer la exposición que hice sobre las pasiones en la obra de Botticelli en el Diplomado “Las Pasiones del Alma” en el Centro Universitario de Humanidades, en Querétaro. Así que, ¡manos a la obra!

La Natividad Mística (perteneciente a la colección de la National Gallery de Londres) es la única obra firmada y fechada por Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, alias  Sandro Botticelli. Debido a su carácter poco convencional —el cual, con Hatfield, iremos desentrañando poco a poco—   se ha sugerido que quizá fue pintada para la devoción privada del mismo Botticelli, o quizá para alguien cercano a él.

Su manera de representar el nacimiento de Jesucristo y la adoración de los pastores se aleja de la tradición iconográfica y se ha insistido en que entraña una lectura milenarista de dicho acontecimiento, muy acorde al espíritu de su época. También se ha señalado que se refiere veladamente a la situación política, social y espiritual de la Florencia de inicios del siglo XVI; situación marcada por acontecimientos de gran peso: la muerte de Carlos VIII, l’Affable, rey de Francia; la expulsión de Piero de Médicis de la señoría de la ciudad, la toma del poder por el partido de Girolamo Savonarola y la caída del mismo por las presiones políticas, religiosas y militares de  Alejandro VI, el Papa Borgia.

Hatfield demuestra documentalmente que Botticelli pintó este cuadro influido por los sermones y escritos que Savonarola dirigió contra la Florencia de los Médicis y su “decadencia moral”. Aunque no hay documentos que acrediten fehacientemente que Botticelli fuese adepto o discípulo de Savonarola, ciertos temas y tratamientos de sus obras tardías, como la Natividad Mística o la llamada Crucifixión Mística, ciertamente estuvieron basadas en sus sermones y en el espíritu de renovatio que propugnaban. Botticelli, como muchos florentinos de su tiempo, indudablemente  se sintió atraído por la carismática personalidad de Savonarola; incuestionable eje de los acontecimientos políticos y culturales de la Florencia de fines del siglo XV e inicios del XVI.

Hatfield inicia su análisis haciendo referencia al carácter inusual de la obra:  en principio, es pequeña para los estándares de la época, en la que abundaban las obras de grandes dimensiones, destinadas a los templos y palacios. Ello apoyaría la tesis de que se trataba de una obra para la devoción o apreciación privada. Asimismo, está pintada sobre tela, lo cual es inusual tanto para la técnica empleada (temple) como para la preferencia contemporánea por el empleo de la tabla como soporte pictórico.

Hatfield señala, además, cinco rasgos distintivos de la obra:

a) Ofrece una peculiar interpretación del tema de la Natividad, pues a diferencia de otras obras similares, en esta los ángeles acompañan y conducen a los hombres hasta el portal y les muestran al Niño recién nacido. Podemos notarlo en los siguientes detalles de la pieza:

b) Presenta tres parejas de ángeles y mortales abrazándose y besándose (cosa que es, a mi juicio y de suyo, excéntrica; sobre todo tomando en cuenta el teatral  y gestual patetismo que con el que lo hacen):

c)  Un coro de 12 ángeles danzando en el aire, con ramas de olivo, filacterias y coronas:

d) Una larga inscripción en griego (no muy bueno, señala Hatfield) con referencias al Apocalipsis y a la caída de Savonarola.

e) Hatfield señala la presencia de  cinco demonios en fuga. Sin embargo, aquí he de intervenir, pues en realidad son seis los demonios que aparecen en el cuadro, tal como podremos constatar en los siguientes detalles (si no me creen, los invito a contar demonios):

PRIMERA INTERPRETACIÓN: FUNDAMENTOS ALEGÓRICOS DE LAS RAMAS DE OLIVO, BESOS, LOS TRES ÁNGELES EN EL TECHO DEL PORTAL, LOS ABRAZOS, CONDUCCIÓN AL PESEBRE, POSTURAS DE LA VIRGEN Y EL NIÑO.

Pues bien, antes de entrar de lleno a las interpretaciones de Hatfield, he de señalar con soberbia y orgullo que no quise atenerme a sus traducciones del latín y el italiano, así que he sido yo, José María Guadalupe Cabrera Hernández, quien ha traducido directamente de esas lenguas  al castellano. Hecha esta jactanciosa advertencia, podemos continuar.

Según Hatfield, una de las fuentes primarias del cuadro es el sermón[1] que Savonarola predicó en la misa de Navidad de 1493 en la Catedral de Santa María del Fiore. Dicho sermón toma como punto de partida el final el Salmo 85 “Quam bonus Israel Deus”:

9  Verum tamen prope timentes eum salutare ipsius,

ut inhabitet gloria in terra nostra.

10 Misericordia et veritas obviaverunt sibi;

justitia et pax osculatæ sunt.

11 Veritas de terra orta est,

et justitia de cælo prospexit.

12 Et enim Dominus dabit benignitatem,

et terra nostra dabit fructum suum.

13 Justitia ante eum ambulabit,

et ponet in via gressus suos.

9 Ciertamente cercana está la salvación para los que le temen (al Señor),

y así habite la gloria en nuestra tierra.

10 La misericordia y la verdad se encontraron;

La justicia y la paz se besaron.

11 La verdad brotará de la tierra,

y la justicia contemplará desde los cielos.

12 Y el Señor dará el bien,

y nuestra tierra dará su fruto.

13 La justicia irá delante de él,

y sus pasos nos pondrá por camino.

Savonarola relaciona este salmo con una visión que tuvo y que detalla en el sermón:

“Ecco che il cielo s’aperse, et subito veggo descendere dal seno del Padre Eterno una vene-randa donna con un ramo d’ulivo in mano, et veniva cantando, Misericordia Domini plena est terra: Ciò è la terra della Vergine santa fu ripiena della misericordia del Signore. La quale sollecitava et pregava il Fanciullo che uscisse fuora, et cosi, Veritas de terra orta est: Subito di questa terra nacque la Verità. Usci fuora il Bambino santo; posesi quivi in sulla nuda terra dinanzi alla Vergine santa. Hor subito che questa Verità fu uscita fuora, la Misericordia si scontrò con lei, et tutt’a due insieme s’abbracciorno et dissono, Universe vie Domini misericordia et veritas: Tutte le vie del Signore sono misericordia et verità. Et mentre che queste cose si facevano in terra, Iustitia de celo prospexit: La Giustitia risguardò dal cielo. Et vedendo queste nozze del figluolo di Dio con la natura humana, et desiderando di venire a tal convito, prese licenzia da Dio, et discese subito in terra, clamando et cantando, Gloria in excelsis Deo. Et ecco dall’altra parte del cielo venne una donna in habito semplice, bianco et puro, bellissima et gratiosa; et con empito grande corse inverso la Giustitia et insieme si baciorno; et cosi, Iustitia et Pax obsculate sunt. Et subito una di loro, che era Madonna Pace, disse, Et in terra pax hominibus bone voluntatis. Et cosi tutt’a quattro convenno insieme et feciono lega perpetua che chi n’havesse una le havesse tutte.”[2]

«He aquí que los cielos se abrieron, y de pronto veo que desciende del seno del Padre Eterno una venerable mujer con una rama de olivo en la mano, la cual venía cantando “La tierra está llena de la misericordia del Señor”: esto es, la tierra de la Virgen Santa fue colmada de la misericordia del Señor. La cual rogaba al Niño que saliese y de ese modo pronto de dicha tierra naciese la Verdad. Sale entonces el Santo Niño y se posa en la tierra desnuda, frente a la Virgen. Una vez que esta Verdad salió, la Misericordia se encontró con ella, ambas se abrazaron y dijeron: “Todos los caminos del Señor son de Misericordia y Verdad”. Y mientras estas cosas se hacían en la tierra, la Justicia desde el cielo las vigilaba. Y viendo estas bodas entre el hijito de Dios con la naturaleza humana, y deseando asistir a tal convite, pidió licencia a Dios y pronto descendió a la tierra, clamando y cantando “Gloria a Dios en las alturas”. Y he aquí que de otra parte del cielo bajó una mujer de vestido sencillo, blanco y puro, bellísima y graciosa; y con gran ímpetu ella y la Justicia se encontraron y se besaron: besándose así la Justicia y la Paz. Y una de ellas, que era la Madre Paz, dijo súbitamente: “Y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Acto seguido, las cuatro hicieron el pacto perpetuo de que quien tuviese a una de ellas, las tendría a todas.»

La visión referida por Savonarola en su sermón juega simultáneamente con las virtudes y una peculiar imagen de  la Natividad que Botticelli evoca en su obra a través de diversos detalles: las ramas de olivo que portan los ángeles (de rasgos claramente femeninos), los tres ángeles que parecen celebrar un pacto sobre el techo del portal, el Niño recién nacido y recostado “en la tierra desnuda, frente a la Virgen”, la actitud contemplativa y orante de ésta, los besos y abrazos que se prodigan las tres parejas de la parte baja del cuadro. Todo ello lleva a Hatfield a sostener dicho sermón como una de las fuentes de inspiración de Botticelli.

Con respecto a las virtudes manejadas en esta “encantadora alegoría moral”[3], como señala Hatfield, hay dos puntos prioritarios a tomar en cuenta: en primer lugar, los nombres de las cuatro virtudes mencionadas en el salmo citado (Misericordia, Verdad, Justicia y Paz) son tomadas en cuenta por la tradición católica como nombres místicos y prefigurantes de Cristo; es decir, se refieren a él directamente y lo definen. En segundo lugar, según apunta Savonarola más adelante en el sermón, es necesario contar con dichas virtudes para ser digno y capaz de acercarse al Santo Pesebre:

Va’, figliuol mio, a questo santo presepio, se tu vuoi vedere il Bambino, et gustare quanto è dolce lo Sposo suo. Mena teco la Misericordia, ciò è, fa’ d’havere una buona et perfetta contritione de’ tuoi peccati, con speranza di trovare misericordia da questo Bambino. Immediate che tu harai questa contritione con questa speranza, tu sarai amico della Verità, et andrai a un buono confessore che ti dica la verità. Fatto questo, mediante l’assolutione sacerdotale et l’infusione della Gratia, tu sarai nel cospetto di Dio giustificato, et la Pace ti bacerà, perche tu sarai pacificato con Dio et meriterai d’essere introdotto mediante queste quattro venerande matrone nel santo tigurio; dove tu troverrai Giuseppo et Maria et quello che più desideri: Giesui Christo bambino giacere in sul fieno, et cominciare a patire per l’amore dell’huomo. All’hora tu t’inginocchierai insieme con li pastori semplici et puri, et adorerai il tuo Dio. [4]

«Ve, hijo mío, a ese Santo Pesebre, si quieres ver al Niño y probar cuán dulce es su Esposa. Lleva a la Misericordia contigo, es decir, procura tener un buen y perfecto arrepentimiento de tus pecados, con la esperanza de encontrar misericordia de este Niño. Tan pronto como te hayas arrepentido con esta esperanza, serás amigo de la Verdad e irás a un buen confesor, quien podrá decirte la verdad. Una vez hecho esto a través de la absolución sacerdotal y la infusión de la Gracia, serás hecho justo a la vista de Dios, y la Paz te besará, porque estarás en paz con Dios y serás digno de ser conducido por estas cuatro venerables damas dentro del Santo Portal, donde encontrarás a José y María junto aquel a quien más deseas: Jesucristo Niño, acostado en el heno y empezando a sufrir por amor a la humanidad. Entonces te arrodillarás codo a codo con los simples y puros pastores para adorar a tu Dios.»

La virtud de la Paz besa al pecador reconciliado con Dios, y como ya es digno por su “amistad” con la Verdad, lo conduce al Portal, donde, “codo a codo con los simples y puros pastores” adora al Niño flanqueado por María y José. Hatfield considera que Botticelli retoma estas imágenes retóricas y alegóricas en la Natividad Mística.

Por otra parte, la referencia del verso La verdad brotará de la tierra” como figura del nacimiento de Cristo, era un lugar común en la interpretación medieval del salmo 85. Asimismo, en los días de Botticelli era común entender el verso “La misericordia y la verdad se encontraron; / La justicia y la paz se besaron” como profecía de la “reconciliación”, en Cristo, de los dos pares de las virtudes celestiales.

Esta idea de la “reconciliación” de las virtudes “hijas de Dios” —que se encuentran opuestas entre sí en pares antagónicos (misericordia-verdad, justicia-paz)— era común en dramatizaciones de la Anunciación y la Crucifixión. Sin embargo, son Savonarola y Botticelli los primeros en vincular esta idea a la Natividad; y Hatfield considera que no parece haber precedente del escenario navideño de Savonarola o de su idea de progresión espiritual que toma una a una a las virtudes para acercarse al Santo Pesebre.

Quizá anticipando que la mera alusión del sermón al encuentro, el abrazo y el beso entre las virtudes no fuese suficiente —aun cuando es reforzada por la sugerente interpretación alegórica de la Natividad que ofrece Savonarola y apoyaría la idea de tomar el sermón como fuente de inspiración de la Natividad Mística—, Hatfield reconoce que la correspondencia entre la pintura y el texto no es del todo precisa. Sin embargo, señala que existen otras fuentes sobre las que no puede caber ninguna duda razonable y que demuestran “contundentemente”, a su juicio, que Botticelli fue influenciado por Savonarola.[5]

Alrededor del año 1400 el tema de la reconciliación de las virtudes celestiales fue utilizado como fondo de cierta propaganda “reformista”. Según el cronista Luca Dominici, fueron colocados avisos relacionados con el Libro del Apocalipsis en las puertas de las iglesias más importantes de Bolonia, donde se leía lo siguiente:

«Per universum gentium multitudo stolis albis et candidis induta, clamans pacem et misericordiam da nobis, Domine, da nobis, et demum cum iustitia et pax de coelo descenderit invicem obsculatae sunt, et veritas et pax super terris orta est, et verus pastor omnium cognoscetur, etjustus rex surget in terris… »

 

«A través del mundo una multitud de gente revestida de blanco va gritando: “Señor, concédenos la paz y la misericordia, dánoslas”. Y al final, cuando la justicia y la paz hayan descendido del cielo, se besarán. Y la Verdad y la Paz brotarán de la tierra, y el verdadero pastor será conocido de todos, y el rey justo se levantará sobre la tierra…»[6]

El propósito de estos avisos era animar a los Bianchi (los “blancos”), es decir, a los peregrinos que en gran número se iban concentrando en Roma para la celebración del Jubileo de ese año.

Por otra parte, también se hace referencia a tres de las virtudes celestiales en una canción de Girolamo Benivieni, uno de los más cercanos seguidores de Savonarola, en el que describe la visita de Cristo a Florencia con el fin de ver y juzgar la ciudad recientemente reformada. La Misericordia y la Justicia se presentan ante él y se abrazan, reunidas por la Paz. La canción, publicada en 1500, probablemente fue escrita en vida de Savonarola, para ser cantada por los grupos de sus seguidores más fervientes. En un sermón predicado en diciembre de 1494, Savonarola utiliza la imagen de las virtudes celestiales para ilustrar cuán grande es el amor de Dios por Florencia:

«lo t’ho detto piu volte nel tempo passato, Firenze, che benché habbia Dio apparecchiato per tutto un gran flagello, nondimanco che dall’altra parte Dio ti ama e vuolti bene, e però si può dire che in te sia verificato quel detto: misericordia et veritas obviaverunt sibi, cioé la misericordia e la iustitia sono venute l’una incontro all’altra nella cittai di Firenze. El flagello veniva da una parte et la misericordia se gli e fatta incontro dall’altra parte, et iustitia et pax obsculatae sunt, et sonsi abbracciate insieme et Dio t’ha voluto mostrare la iustizia e da altra parte farti misericordia e salvarti… »[7]

«Te he dicho varias veces en el pasado, Florencia, que aunque Dios te ha preparado un gran azote, sin embargo, por otro lado te ama y te es benevolente. Y por lo tanto se puede decir que en ti se ha cumplido aquello que está escrito: “misericordia et veritas obviaverunt sibi”, es decir, la misericordia y la justicia [sic] se han reunido en la ciudad de Florencia. De un lado, llegó a ti el flagelo, y del lado opuesto, la Misericordia; y, “la Justicia y la Paz se besaron”, se abrazaron la una a la otra. Así, Dios ha querido mostrar su justicia y por otro lado, ser misericordioso y salvarte…»

Según Hatfield, este pasaje parece adecuarse, no sólo a la Natividad Mística, sino a otro cuadro contemporáneo de Botticelli que también se ha considerado como inspirado por las prédicas de Savonarola: la llamada Crucifixión Mística, datada en 1502 y que se encuentra hoy en en el Fogg Art Museum, en Cambridge, Massachusets, USA:

 08 Botticelli - Crucifixión Mística

Aunque Hatfield no abunda sobre esta obra y sólo señala su posible fundamentación en el sermón de Savonarola de diciembre de 1494, me parecen evidentes las razones que lo llevan a realizar esa plausible interpretación. Por ello, me atrevo a continuar en este punto el análisis por mi propia cuenta.

Esta inusual crucifixión (no aparecen en ella figuras convencionales como la Virgen María ni Juan Evangelista, tampoco soldados romanos o José de Arimatea, ni la Luna ni el Sol lamentándose por la muerte de Cristo) muestra a una mujer joven, con los largos cabellos castaños y sueltos cayendo sobre su espalda, postrada y abrazando la cruz, en un dramático rictus de dolor y súplica. Pueden reconocerse en ella los rasgos convencionales de María Magdalena, la pecadora arrepentida; sin embargo, esta figura puede leerse en otra clave y también puede representar alegóricamente a la ciudad de Florencia, arrepentida por sus pecados y suplicando piedad a Dios. A ello abona el hecho de que Botticelli representa con exactitud a la ciudad misma al fondo, en vez de hacer una idealización de Jerusalén, como era común para la representación de las crucifixiones.

Un ángel, vestido de blanco y situado bajo el brazo izquierdo de la cruz, levanta una vara con la mano derecha, con la que está a punto de asestar un golpe a un animal de difícil identificación que sostiene con la mano izquierda (quizá se trate del Marzocco, el león heráldico que representaba el poder popular y la riqueza de la República Florentina). A estas figuras, que tal vez representen el “gran azote” que Dios tiene preparado para Florencia, se suma la amenazante nube negra que, envolviendo la siniestra de Cristo, expele fuego y dardos negros.

La cruz se constituye en un eje que divide en dos la obra, y su lado derecho se opone al antes descrito, pues en él se ve la figura de Dios Padre (situado en la esquina superior izquierda con respecto al espectador) que llena de luz la ciudad de Florencia y, misericordioso, envía escudos blancos con cruces rojas como defensa contra la tormenta de fuego y obscuridad que avanza desde el extremo contrario. Con ello se apega Botticelli puntualmente a la advertencia del sermón de Savonarola sobre la ciudad: “De un lado, llegó a ti el flagelo, y del lado opuesto, la Misericordia… así, Dios ha querido mostrar su justicia y por otro lado, ser misericordioso y salvarte”

Con esto, se muestra el gran influjo que Savonarola ejerció sobre el Botticelli tardío y su decisión de llevar su arte de vuelta al “medievalismo”, como señala Guido Cornini en su Botticelli, regresando al carácter visionario de la iconografía precedente: “Repudiada la perspectiva, el dibujo, la ciencia de la proporción, renegado el valor ético de la historia y de la Antigüedad, ahora el pintor parece buscar sus modelos en el primitivismo de Fra Angelico o en el ‘expresionismo’ irracional de mediados del siglo (XV)”[8]

Hasta aquí, lo que se refiere a al fundamento alegórico de las imágenes de las ramas de olivo, los tres ángeles en el techo del portal, los besos, abrazos, la conducción de los pastores al pesebre y las posturas del la Virgen y el Niño. Sin embargo, faltan más elementos de la interpretación que Hatfield nos ofrece sobre la Natividad Mística. Los abordaremos en otra ocasión.

Feliz Navidad 2012 tengan ustedes.

José María Guadalupe Cabrera Hernández


[1] Prediche nuovamente venute in luce del reverendo Padre Fra Girolamo Savonarola da Ferrara… sopra il Salmo ‘Quam bonus Israel Deus’, predicate in Firenze in santa Maria del Fiore in uno Advento nel MCCCCXCIII…, Venice (Agostino de Zanni) 1528, fols 112v-20v.

[2] Savonarola, G. Prediche…’Quam bonus’ (as in n. 4), fol. 116r.

[3]Hatfield. “Botticelli’s Mystic Nativity…” p. 90

 

[4] Savonarola. Op. cit. Fol. 116 r-v

[5] Hatfield. Op. cit. p. 91

[6] Luca Dominici, Cronache, ed. G. C. Gigliotti, Pistoia 1933-9, i, p. 137. See also Giovanni Sercambi, Le croniche, ed. S. Bongi, Rome 1892, ii, p. 304.

[7] Prediche del Rev. P E Hieronymo Savonarola… sopra alquanti salmi et sopra Aggeo Profeta fatte del mese di Novembree t Dicembrel ‘anno Mcccclxxxxiiiir accolted alla sua viva voce…, Venice (Bernardino Bindoni) 1544, fol. 59r; Prediche sopra Aggeo, ed. L. Firpo, Rome 1965, pp. 133-4. Psalm 85.10-11 (84.11-12) Hatfield señala que este discurso también constituye le fin de un sermón muy “savonarolano” recopilado en 1499 por Bernardino dei Fanciulli: ‘Predica di Pietro Bernardo da Firenze inutile servulo di Iesi Christo, et di tutti li fanciulli di [buona] volunta. Facta a Spugnole di Mugello, loco di Giovanni Pepi. Adi ii di marzo Mcccclxxxxix’, in Prediche, Florence (Bartolomeo de’ Libri) 1500 (copy in BNCF: Magl. L.6.22), sig. e6v.

[8] Cornini, Guido. Botticelli. Art Dossier. Giunti Industrie Grafiche. Italia, 1985, pp. 47. La traducción del italiano al español es mía.

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KERIGMATA #3: DIPLOMADO “LAS PASIONES DEL ALMA” EN EL COLEGIO UNIVERSITARIO DE HUMANIDADES

Posted in Kerigmata with tags , , , , , , , on 18 septiembre, 2011 by teseos30

 

“Si no hubiese más que la razón sin pasiones…
Si no hubiese más que pasiones sin razón…

Pero habiendo lo uno y lo otro, no se puede estar sin guerra, porque no se puede tener la paz con lo uno sin guerra con lo otro: así, el hombre está siempre dividido y es contrario de sí mismo.”

Pascal

La tradición filosófica no sólo es plural sino rica en rutas para internarse en ella. Este diplomado propone seguir, como hilo de Ariadna, el asunto de las pasiones, de su problemática relación con la vida cotidiana pues ¿quién de nosotros no ha sido alguna vez arrebatado por el amor, el deseo, el miedo, el odio o cualesquiera otras de las pasiones? La filosofía no es ajena a ellas, las ha tomado como objeto de estudio, las ha descubierto agazapadas detrás de sus más racionales elaboraciones y se ha preguntado por el lugar que siguen tomando en la existencia de cada uno.

Erradicar las pasiones, controlarlas, darles rienda suelta o sin más bien entregarse a ellas no son sólo cuestiones con que se topa cada uno en medio de su circunstancia, sino también imperativos teóricos asociados a modelos éticos y estéticos en los que lo real se nos muestra y desde los que lo enjuiciamos. El imperativo de buscar la verdad, de ir a las cosas mismas o de vivir como tiene sentido hacerlo, no son ajenos a las pasiones. En éste sentido, en cada corriente filosófica, en cada época o visión de mundo, podemos vislumbrar posiciones respecto a las pasiones.

De esta manera, lo filosófico de éste diplomado se juega entre dos polos: uno, aproximar pedagógicamente a los participantes a los referentes clásicos de ética y estética; y otro, proponerles, en un espacio de libertad, curiosidad y deleite intelectual, una lectura a propósito de un conjunto arbitrario, pero significativo, de pasiones.

DIRIGIDO A
Personas interesadas en internarse en un conjunto de propuestas filosóficas entorno a las pasiones, con el fin de deleitarse y ampliar sus horizontes de comprensión a la par de apropiarse referentes de la tradición filosófica en los ámbitos ético y estético.

HORARIOS Y FECHAS DE LAS SESIONES
En el Colegio Universitario de Humanidades de las 9:30 a las 14:00 horas, los sábados: Septiembre: 24 / Octubre: 1, 8, 15, 22, 29 / Noviembre: 5, 12 y 26 Diciembre: 3, 10, 17 / Enero: 7, 14, 21, 28 / Febrero: 4, 11, 18, 25 / Marzo: 3, 10, 17, 24 y 31 Abril: 21 y 28 / Mayo: 12,19 y 26 / Junio: 2, 9, 16, 23 y 30 / Julio: 7 y 14.

EXPOSITORES MAGISTRALES
Mtra. Concepción Alcocer Montes, Universidad Autónoma de Querétaro, Instituto Regina Mundi Pontificia Universidad Gregoriana It.
Dr. Juan Carlos Moreno Romo, Universidad Autónoma de Querétaro, Universidad de Estrasburgo Fr.
Dr. Sigifredo Esquivel Marín, Universidad Autónoma de Zacatecas
Mtro. Mauricio Morales, Universidad de Guadalajara
Mtro. Eduardo Villegas, Universidad Nacional Autónoma e de México
Lic. María del Refugio Yee Talamantes, Universidad Autónoma de Querétaro
Lic. Juan Ignacio Alvarado Castellanos, Universidad Autónoma de Querétaro

IMPARTIDO POR
Lic. María Eugenia Herrera Azoños y Lic. José María Guadalupe Cabrera Hernández

INFORMES E INSCRIPCIONES
Colegio Universitario de Humanidades
Av. Constituyentes No. 35 Pte. Col. Cimatario, C.P. 76030, Santiago de Querétaro, Qro. Teléfonos (442) 2 12 33 69 y 2 14 33 73, informes@cudh.edu.mx

KERIGMATA #2: “POESÍA, ARTE Y DANZA: ARTE EN MOVIMIENTO”

Posted in Kerigmata with tags , , , , , , , on 11 julio, 2011 by teseos30

 

“Sólo en el baile sé yo decir el símbolo de las cosas supremas…”

Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra

“Canción de los sepulcros”

 

 

Martin Heidegger señala que la poesía es la esencia de todo arte, su forma de acontecer como instauración de la verdad, como fundación y comienzo de un mundo. Todo arte es poesía porque dice algo más allá que su intención, manifestación y comparecencia inmediatas: nos da a conocer lo otro y nos lo revela. Es alegoría, símbolo, puente tendido sobre el abismo de lo inefable que nos permite acceder a otra forma de percibir, pensar y decir la verdad y nuestra condición. Todo arte es el vehículo de esta revelación fundante, que nos expresa a cabalidad.

Durante mucho tiempo, al hablarse de Historia del Arte o al dedicarse a la crítica, a la Estética y la Filosofía del Arte, la referencia casi siempre se limita a las Artes Visuales, la Arquitectura, la Literatura, la Música y el Teatro. Artes todas que ofrecen la contundente solidez del vestigio, del testimonio y el monumento. Incluso el teatro y la música —artes del tiempo— ofrecen al parsimonioso trabajo del teórico y el crítico los hitos petrificados de la partitura y la dramaturgia. En nuestro tiempo, asimismo, los medios audiovisuales hacen accesible —casi à la carte— el trabajo interpretativo de ejecutantes y actores sin necesidad de su presencia efectiva. Incluso los intérpretes fallecidos vuelven a la vida en la pantalla.

Sin embargo, la Danza ha sido frecuentemente ignorada y se tiende a pasar de largo ante ella cuando se habla de Arte. Gran injusticia, pues —en tanto arte— la Danza es la sublime poética del cuerpo abarcando la realidad plena: el cosmos, el hombre y el espíritu. Sin embargo, ¿cómo subsanar esta falta? ¿Cómo congelar por un momento el vital impulso de la Danza? ¿Cómo fijar en discurso y teoría la naturaleza del arte que mejor retrata el carácter efímero y volátil del devenir y la existencia? ¿Cómo petrificar el vuelo de las metáforas que forjan los cuerpos en movimiento? ¿Cómo hacer ciencia de esta alquimia que hace aflorar el sentir y el pensar en la piel y miembros de los bailarines?

Quizá la única forma sea poetizar sobre la Danza y sus incontables manifestaciones; partir desde el origen común de la metáfora. Poetizar sobre su visualidad, sobre el encanto que ejerce sobre el público a través de la plasticidad de los cuerpos, el hechizo seductor de los colores de los vestuarios y las luces que bañan los escenarios, el embrujo del movimiento cadencioso. Invocar a la Danza desde el oficio de la luz, la imagen, el cromatismo, los planos, las texturas y el volumen. Desde ese otro poder poético que ejercen las Artes Visuales. Quizá sólo así podamos acercarnos a la Danza y —en pleno vuelo— pedirle que nos comparta sus secretos.

La exposición “Arte en movimiento”, que el Museo de Arte de Querétaro, Ibérica Contemporánea en México y la Galería DRT ofrecen para ustedes, encarna efectivamente ese intento: en ella podremos contemplar la mirada —absorta, admirada, amorosa, respetuosa— que los artistas convocados dedican a los innumerables rostros de ese arte en movimiento que es la Danza.

Los invito a disfrutar de esta incomparable muestra que estará abierta al público en el Museo de Arte de Querétaro hasta el domingo 17 de julio.

Allende #14 sur, Centro Histórico, Querétaro, Qro. CP 76000

De martes a domingo, de 10:00 a 18:00 hrs

Más informes al tel: 01 442 212 23 57

 

 José María Guadalupe Cabrera Hernández

METAFÍSICA #2: HEIDEGGER VS ESTÉTICA

Posted in Metafísicas with tags , , , , , , on 12 noviembre, 2010 by teseos30

Les presento el texto íntegro de la ponencia que leí el día miércoles 10 de noviembre de 2010 en la Facultad de Filosofía de la UAQ, en la mesa de Filosofía Contemporánea, en el marco de las celebraciones del 8º día Internacional de la Filosofía. Son ideas que necesariamente requieren de pulimento y profundización, pero todo pensar digno de tal nombre emerge de un modesto germen. A ver qué les parece:

 

HEIDEGGER VS ESTÉTICA

Es más que un tópico desgastado señalar la influencia que ha ejercido el pensamiento de Martin Heidegger en la historia reciente de la filosofía. Mucho se ha remachado sobre su doble condición de santón y villano del pensar. Rey secreto del pensamiento o sibilino charlatán; creador de pseudo-problemas, de retóricas e intragables cortinas de humo. Sí, es ya demasiado lo que se ha hablado y escrito; sin embargo, conscientemente caigo en el tópico y voluntariamente insisto en él. En primer lugar, porque me da la gana; ustedes me invitaron y ahora se aguantan. En segundo lugar, porque sin empacho confieso —una vez más— mi simpatía por la obra del susodicho: con orgullo y cinismo me reconozco heideggeriano recalcitrante, remiso y a ultranza. Aclarado el asunto, procedo a señalar las coordenadas del itinerario del día de hoy: Heidegger, estética, poesía, arte y muerte del arte.

 

La influencia del “corpus” heideggeriano no se ha limitado a nuestra disciplina. Siguiendo caminos tortuosos —no siempre rastreables a suficiencia, y no exentos de paradas en el snobismo pseudointelectual— nuestro Meister se ha convertido también en tópico en la insigne e ingente nebulosa del arte: esa que incluye su producción, difusión, crítica y comercialización. Una respetable cantidad de artistas, curadores, museólogos, críticos, especialistas y marchantes echan inopinada mano del pensamiento del filósofo de la Selva Negra para justificar obras, discursos, montajes, exposiciones y avalúos; o también para encumbrar o hundir artistas. No importa el nivel de comprensión que ostente el personaje del caso: la sola mención de la tríada Dasein—Heidegger—“existencialismo” ejercen un congelante poder de fascinación sobre públicos, lectores y audiencias. Basta su sola invocación para garantizar que en verdad se sabe de arte y pensamiento; de que ha hecho uno la tarea, de que se es un esteta experto, hecho y derecho.

 

El interés que Heidegger mostró sobre poesía y arte —reducido éste a las obras de arte visual y arquitectónico— parecieran justificar esta recurrente invocación. Sin embargo, penetrar más en el asunto nos mostraría la triste y árida realidad —una que seguramente no les gustaría mucho a nuestros amigos—: Heidegger no hace estética. Nada hay en él que nos autorice a deducir categorías ni valores de juicio, horizontes de interpretación, cánones, aparatos críticos, normas o productos similares, anexos, conexos y derivados. El horizonte en el que sitúa su pregunta sobre la esencia de la poesía y la obra de arte visual, es anterior a la tematización a la que la conciencia estética las somete por consigna y tradición. Arte y poesía son desentrañados desde un territorio que tiene preeminencia sobre cualquier otro: la pregunta directiva que interroga por el sentido del ser, la explanación del fenómeno del tiempo y la hermenéutica existenciaria del Dasein. Resumiendo: desde el originario horizonte que, abandonado por la tradición, busca reinaugurar la ontología fundamental. Desde la dirección que imponen estos cuestionamientos es que poesía y arte interesan a Heidegger y sólo desde esa dirección. Inútil sería buscar otro enfoque o pretender deducir principios para dirimir dudas y disputas sobre la calidad artística o poética de una obra x o y. Eso alcanza, obviamente, a su valoración monetaria y mercantil. Así que, marchantes, ¡absténganse!

 

A Heidegger no le interesa el “valor estético” del poema o de la obra; éstos últimos sólo son destacables si cumplen con la peculiar y fundamental misión a la que son llamados por su propia esencia:

 

a)      hacer patente el conflicto que subyace a la distinción entre ser y ente; que subyace a la verdad misma en tanto aletheia: encubrimiento-develación del ser en el ente.

b)      hacer patente cómo ese conflicto compromete y confronta al Dasein con su propia entidad y su capacidad de —por lo menos— precomprender al ser e interrogarse por él,

c)      hacer patente la esencial pertenencia del Dasein a su propia mundanidad, temporalidad e historicidad,

d)      hacer patente la violencia —el inevitable atropello— que todo lenguaje —incluido el artístico— ejerce sobre el ser, sobre lo ente y sobre sí mismo en cuanto comparte la forma de ser del Dasein: todo hablar abre un claro donde se destaca y diferencia el ente del ser, pero que emboza a la par su sentido y lo obscurece. Todo hablar nos acerca y nos aleja, a la vez, de aquello que nos expresa o pretende expresar.

 

Todo ello tiene preeminencia y preferencia sobre cualquier otra forma de experimentar arte y poesía, y de teorizar sobre ambos. En su conferencia sobre “Hölderlin y la esencia de la poesía”, Heidegger lo deja muy en claro despojando a la poesía de todo valor cultural, estético, místico, delectante, expresivo y lúdico:

 

“No es la poesía un simple y adventicio adorno del Dasein, ni transitoria exaltación espiritual, entusiasmo o entretenimiento. La Poesía es el fundamento y soporte de la historia; no una simple manifestación cultural, menos aún ‘expresión’ del ‘alma de una cultura’”[1]

 

El arte, la poesía —antes que “productos culturales”, objetos de estudio, veneración, admiración, conservación, restauración y especulación mercantil— son formas señaladas y privilegiadas de la existenciaria lingüisticidad del Dasein: trascienden el nivel de la llana comunicación, de la simple estructura sintáctica y semántica, del estilo y la forma. Poesía y arte tienen un grave compromiso con lo que mientan: el ser, lo ente, el Dasein, la temporalidad, la historicidad, el fundamento y su ausencia. La Nada incluso. Su compromiso es, precisamente, fundamental: “fundación por la palabra y sobre la palabra”[2], “poner al descubierto al Ser, para que en él aparezca el ente”[3] y poner “la verdad en obra”[4]. Su tradicional vinculación con la belleza —e incluso su reducción a ella— se rompe y desvanece ante la primacía de la verdad del ser develándose a través de ellos:

 

“La verdad es el desocultamiento de lo ente en cuanto ente. La verdad es la verdad del ser. La belleza no aparece al lado de esta verdad. Se manifiesta cuando la verdad se pone en obra. Esta manifestación… es la belleza. Así, lo bello tiene lugar en el acontecer de la verdad. No es algo relativo al gusto…”[5] sino a la vivencia de esa verdad. La esencia del arte, entonces, “se comprende tan poco a partir de la belleza tomada en sí misma como a partir de la vivencia.”[6]

 

La reducción del problema del arte, su creación, interpretación y recepción al problema de la belleza y su canon se ciegan a su condición fundamental. Por eso mismo, en la citada conferencia sobre Hölderlin, Heidegger admite la superioridad formal-estética de otros poetas sobre aquél; pero aclara que lo ha elegido porque en su obra se hace patente, de manera efectiva, la reflexión de la poesía sobre su propia esencia y su relación con la verdad. El ser y su develación priman sobre la belleza, sobre el carácter formal y sobre la materialidad de la obra misma. La obra tiene una tarea que debe cumplir al margen de cualquier opinión estética más o menos documentada o respetable: debe poner en obra, en acción, la verdad del ser. La belleza, la forma, el estilo, la plusvalía; son totalmente secundarios a la luz de esta tarea y su cumplimiento. La estética, desde este punto de vista, nunca encontrará suelo pues se limita el ser de la obra a su inmediato “ser cosa”, ente que no supera el nivel de ser “ante los ojos”. Ello nos hace patente, además, el atropello que ejercen los actores involucrados en lo que ahora da en llamarse “consumo artístico” o “consumo cultural”. Abordar al arte desde esta perspectiva, lo reduce a esa primitiva coseidad y neutraliza su vital rendimiento simbólico, vivencial y ontológico: lo degrada de escenario de la revelación-ocultamiento del ser al nivel del útil y la cosa. Por lo general, la obra se comercializa, se difunde y se exhibe por razones absolutamente ajenas a ella misma, su origen y sus alcances.

 

Otro aspecto que nos muestra, asimismo, el carácter no estético del pensamiento heideggeriano sobre arte y poesía es su afirmación de que el ser del Dasein es poético: “poéticamente es como el hombre hace de esta tierra su morada”[7] y de que es la vivencia del Dasein la que da ser, vida y sentido a la obra. Agotándose esa vivencia y esa apropiación del mundo a través de la obra por parte del poeta, el artista y el público, se agota el arte mismo e, irremediablemente, muere[8]. La estética, la crítica, la comercialización, fallan rotundamente en su apropiación de obra y poesía, pues lo hacen a través de la congelación de la obra en su ser cosa, en su ser objeto entre objetos, en su ser mercancía; despojándola de su carácter vivencial, de experiencia vital que compromete al Dasein con el ser y con su propio ser.

 

Para Heidegger, como en Hegel, el arte está condenado a muerte —y con él la estética y sus periféricos—, pero no por el cumplimiento de un despliegue del Espíritu que puede prescindir en su nivel del arte y su experiencia; sino porque la vivencia originaria que se expresa en el arte y que experimenta el Dasein del caso ante la obra, necesariamente se va apagando y perdiendo a través de los siglos. Tal como dice Heidegger que pasa en la historia de la filosofía y de la cultura occidental: las experiencias originarias se van ocultando, desvirtuando y anquilosando bajo las capas endurecedoras que la tradición va arrojando sobre ellas. Quizá es por eso que ahora en el arte muchos son los que vuelven al origen: los unos porque no tienen nada nuevo que decir; los otros —los menos— porque reconocen que el origen sigue resonando, oculto bajo el concierto de quienes lo desestimaron, pues todavía tiene mucho que decir. Gracias.

 

José María Guadalupe Cabrera Hernández

 


[1] Heidegger, Martin. Hölderlin y la esencia de la poesía. Trad. Juan David García Bacca. Ed. Anthropos. Col Pensamiento crítico/pensamiento utópico nº 46. España 1989; pág. 31.

[2] Idem., pág. 29.

[3] Ibid.

[4] Heidegger, Martin. Caminos de bosque. “El Origen de la obra de arte”. Versión de Helena Cortés y Arturo Leyte. Alianza Editorial. Ensayo nº 073. España, 1998; pág. 58.

[5] Ibid.

[6] Idem, pág. 59.

[7] Heidegger, M. Hölderlin y la esencia de la poesía; pág. 37.

[8] Cf. Heidegger, Martin. Caminos de bosque. “El Origen de la obra de arte”; pág. 58.

 

EXABRUPTO #3: ALEJANDRO JODOROWSKY Y LOS DERECHOS DE LOS HIJOS

Posted in Exabruptos with tags , , , , , on 10 octubre, 2010 by teseos30

Me choca cuando alguien me dice “Por algo pasan las cosas”. Me choca porque se me hace un abuso y una bobería imperdonable creer la “coelhada” de que “cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla” (¡recontrapuaj!) o que todos recibimos tarde o temprano nuestro merecido, o que “hay un dios, no lo olvides”. Por salud mental y moral a ese señor y sus periféricos, anexos y conexos, los mandé a paseo hace ya mucho tiempo y la verdad, desde entonces, las cosas son más sencillas, digeribles, racionales y, sobre todo, humanas (como debe de ser). No a todos los que obran bien se les trata como merecen y eso es más claro con los que obran mal. Hay gente que todo lo hacía como lo pide el manual y aun así la trataron como basura y le dieron un buen puntapié en el trasero. Hay criminales que amasan fortunas y gozan de buena salud, mientras que hay gente buena y honrada que apenas si tiene para comer y vestir, padece enfermedades atroces o es atropellada por un pinche chimeco amante del pasito duranguense. Eso es más del estilo de la indolente Madre Naturaleza que del barbón-al-que-todos-se-l’hincan.

 

Pienso que la vida se hace más bien de coincidencias; afortunadas, desafortunadas y otras, de plano, insufribles e indeseables. Hace cinco años, aproximadamente, se dieron en mi vida algunas coincidencias curiosas —en medio de algunas precisamente insufribles e indeseables— de las que narraré una que en verdad me llamó la atención por su alcance estético y moral.

 

En ese entonces impartía yo el Taller de Lectura y Redacción en el Colegio Nacional de Danza Contemporánea (CONADACO). Entre las actividades que realizábamos en clase, les pedía a mis alumnos escoger, por votación y consenso, un libro para leer en voz alta en clase. El libro debería ser una novela de un autor hispanoamericano y de mediana envergadura; lo primero, para evitar la divergencia entre traducciones y, lo segundo, para alcanzar a concluir su lectura en el semestre. Esa generación me tocó bastante “curiosita” y en la mayoría era evidente su aversión a la lectura y al trabajo, pero aun así escogieron un libro bastante choncho y que, a la postre, se mostraría de difícil lectura y comprensión para ellos —unos, incluso, me confesarían después que se arrepintieron de haberlo escogido—. Se trataba de “La danza de la realidad”, de Alejandro Jodorowsky. Era más que evidente que se habían dejado llevar por el nombre del libro que, además de no hablar sobre danza ni coreografía, no es novela, sino unas peculiares e intensas memorias de su autor.

 

El libro es muy rico y, salvo algunos puntos que en verdad me parecieron inaceptables —tanto literaria como moralmente—, está lleno de valiosas lecciones de vida. Entre estas últimas, se encuentra un pequeño discurso que me tocó en verdad. Me tocó por su belleza y profundidad. Me tocó, también, por esa coincidencia a la que hacía referencia más arriba. Trata sobre los derechos de los hijos y me llegó porque en ese momento mi hijo venía en camino; me hizo evidentes algunos errores que cometí y que pude haber evitado de haber tenido claros la mente y el corazón. También me mostró algunos errores que mis padres cometieron conmigo y mis hermanos, y que quizá le sean imputables a la mayoría de los padres del mundo. Pero definitivamente, me llevó a la decisión de tomar en serio mi condición de padre en ciernes —ignorante, inexperto, y por lo mismo, peligroso— y hacer el compromiso de hacer todo lo posible para no protagonizar un pésimo papel en el capítulo más determinante de la vida de mi hijo aún nonato. Y aun con esas intenciones, falla uno; “pior” les va a quienes ni siquiera tienen la conciencia o la voluntad.

 

Como heideggeriano a ultranza, empedernido y recalcitrante, considero que efectivamente estamos arrojados en este mundo y que los responsables de ese “arrojamiento” son nuestros padres; y que al asumir nosotros ese mismo papel, somos nosotros quienes arrojamos a nuestros hijos —sin tomarles parecer— a una existencia frágil, difícil, llena de vicisitudes y que sólo tiene a la muerte por salida. Como dice Heidegger, estamos arrojados a la libertad y responsabilidad de nuestras posibilidades; pero lo que no dijo don Martín, es que los padres somos los responsables de arrojar a un inocente Dasein a ese predicamento. Y no hay vuelta de hoja, la asumamos o no, la responsabilidad está ahí y yo diría que es, sin lugar a dudas, existenciaria y, por tanto, irrenunciable.

 

Pero, bueno, volviendo a Jodorowsky y a la coincidencia. Les decía que el discurso me llegó en buen momento, que me tocó estética y moralmente por su belleza y profundidad, y es por eso que hoy lo quiero compartir con ustedes. Como hijos, verán a sus padres de otra manera. Si son padres o están a punto de serlo o desean serlo —y si además tienen dignidad, vergüenza, conciencia y no son cínicos o brutos (o ambas cosas)— este texto los despertará, los tocará —como lo hizo conmigo— y necesariamente los inspirará a ser buenos “arrojadores”. Provechito:

 

“Antes que nada, deberías tener el derecho a ser engendrado por un padre y una madre que se amen, durante un acto sexual coronado por un mutuo orgasmo, para que tu alma y tu carne obtengan como raíz el placer. Deberías tener el derecho a no ser un accidente ni una carga, sino un individuo esperado y deseado con toda la fuerza del amor, como un fruto que ha de otorgar sentido a la pareja, convirtiéndola en familia. Deberías tener el derecho a nacer con el sexo que te ha dado la naturaleza. (Es un abuso decir ‘Esperábamos un hombre y fuiste mujer’, o viceversa). Deberías tener el derecho a ser tomado en cuenta desde el primer mes de tu gestación. En todo momento la embarazada debería aceptar que es dos organismos en vías de separación y no uno solo que se expande…

 

Deberías tener el derecho a una profunda colaboración: la madre debe querer parir tanto como el niño o la niña quieren nacer. El esfuerzo será mutuo y bien equilibrado. Desde el momento en que este universo te produce es tu derecho tener un padre protector que esté, durante tu crecimiento, siempre presente. Así como a una planta sedienta se le da agua, cuando te interesas por una actividad tienes derecho a que te ofrezcan el mayor número de posibilidades para que, en el sendero que elegiste, te desarrolles. No has venido a realizar el plan personal de los adultos que te imponen metas que no son las tuyas, la principal felicidad que te otorga la vida es permitirte llegar a ti mismo. Deberías de tener el derecho a poseer un espacio donde poder aislarte para construir tu mundo imaginario, a ver lo que quieras sin que tus ojos sean limitados por morales caducas, a oír aquello que desees aunque sean ideas contrarias a las de tu familia. No has venido a realizar a nadie sino a ti mismo, no has venido a ocupar el sitio de ningún muerto, mereces tener un nombre que no sea el de un familiar desaparecido antes de tu nacimiento: cuando llevas el nombre de un difunto es porque te han injertado un destino que no es el tuyo, usurpándote la esencia. Tienes pleno derecho a no ser comparado, ningún hermano o hermana vale más o vale menos que tú, el amor existe cuando se reconoce la esencial diferencia. Deberías de tener el derecho a ser excluido de toda pelea entre tus familiares, a no ser tomado como testigo en las discusiones, a no ser receptáculo de sus angustias económicas, a crecer en un ambiente de confianza y seguridad. Deberías de tener el derecho a ser educado por un padre y una madre que se rigen por ideas comunes, habiendo ellos en la intimidad aplanado sus contradicciones. Si se divorciaran, deberías tener el derecho a que no te obliguen a ver a los hombres con los ojos resentidos de una madre ni a las mujeres con los ojos resentidos de un padre. Deberías de tener el derecho a que no se te arranque del sitio donde tienes tus amigos, tu escuela, tus profesores predilectos. Deberías de tener el derecho a no ser criticado si eliges un camino que no estaba en los planes de tus progenitores; a amar a quien desees sin necesidad de aprobación; y, cuando te sientas capaz, a abandonar el hogar y partir a vivir tu vida; a sobrepasar a tus padres, ir más lejos que ellos, realizar lo que ellos no pudieron, vivir más años que ellos. En fin, deberías tener el derecho a elegir el momento de tu muerte sin que nadie, en contra de tu voluntad, te mantenga con vida.”

 

Alejandro Jodorowsky

“La danza de la realidad. Memorias”

Ed. Grijalbo Mondadori

México 2001

pp. 68-70

 

 

 

 

Alejandro Jodorowsky

 

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http://planocreativo.wordpress.com/