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ANTIPOÉTICA# 13: ARS LEVITATORIA

Posted in Antipoéticas on 13 enero, 2017 by teseos30

Éxtasis de Magdalena Penitente. De la serie “Heretica Marginalia”, publicada en el año 2001 en Filofagia, la Revista Nacional de Estudiantes de Filosofía”, editada por la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro

 

 

ARS LEVITATORIA

 

Para elevarme del suelo y el siglo;

para sustraerme del diario letargo

y sus lastres mortales;

para entregarme al vuelo que remonta

valles y memorias,

mares y recuerdos,

montañas y grescas,

bosques y extravíos,

desiertos y abandonos…

 

Para todo ello

he de empeñarme en

claves y fórmulas,

elíxires y atanores,

conjuros y filtros,

cantos y manjares.

 

Asimismo, en la pétrea certeza

de la pervivencia de la flama oculta,

del río subterráneo y del mar interior.

Tornar la grama

en mística mandrágora.

 

Para elevarme bastan:

el licor cítrico de tu sexo

y el fondo castaño de tus ojos.

El bruno soto que resguarda

tu monte y su gruta.

El baile incitante de tus caderas

y la extática vista

de tus senos desnudos.

Tu trasero,

durazno lunar

en el ávido cuenco

de mis manos.

Tus piernas,

firmes columnas

que emergen en Delos,

en Pyrgos,

y furtivas se ocultan

bajo cobijas

y entre sueños.

 

Para levitar me es suficiente:

Un tequila en una noche robada,

un mezcal de aliento solar.

La voz de Haris en madrugada.

Un tempranillo que ruboriza

el crepúsculo,

el deseo

y la despedida.

La flor que despunta e instiga

en el jardín ajeno

de una casa vedada.

Los rizos bruñidos y danzantes

de una ménade en trance.

La mirada tremenda

—sostenida

en incesante instante—

por misteriosa,

incógnita,

hechicera quiromante.

 

Para ser ceniza en la ventisca:

el eleusino rostro que,

tras oculta vidriera,

otea los misterios

mirando sin ver

lo que atesora la Nada.

Doctísima Síbila

que atisba y espiga

los mudos deseos del alma.

Los vetustos papiros,

tablas,

incunables,

que aprisionan cantos,

fosilizan crisálidas,

desecan lagos

y consumen bosques

con fuegos fatuos.

 

Para subir al hombro de Boreas:

la medianoche candente

de una aldea en Salento,

—tras ese mar

un África ocre

sus velos extiende—.

Un atardecer que profetiza:

en Manzanillo una galerna,

en San Blas el abrazo

pacífico,

amoroso,

doloroso,

que trenza

Muerte y Vida;

en Querétaro el susurro

alcanforado de la brisa,

y la procesión silenciosa

de los espectros.

Un dorado poniente

que a Delfos trae

una pythia sombría.

En Monastiraki,

una cerveza y un gyro.

En el Pireo,

un adiós a Teseo

y su nave.

En mis pies,

en invierno,

el gélido beso

del Corintio seno.

De frente al Egeo,

una libación de malvasía

por los señores infernales

y sus ritos lustrales.

Un incendio de ouzo

en la garganta

y el pecho.

Los violáceos pezones

de la bella Kalamata.

El aguanieve y su espejo

en las mudas calles de Micenas.

En Ríon y Antirion

la vista perdida

en el azur peplos

del ponto eterno.

En Zakynthos,

—en su arena besada

por el Mare Nostrum—

el final del sueño,

el naufragio del deseo.

 

Para transmutarme en azor:

el canto pesado,

obscuro y reverberante,

de liras y tímpanos,

de cuernos y salterios,

del teponaxtli y el coyoli,

de alientos melancólicos,

de negros estros

que subliman y precipitan,

que congelan y calcinan

el espíritu,

la carne,

el hueso,

el tiempo,

la luz

del cósmico abismo.

 

Para hender el

ardiente pneuma

de los eriales consumidos:

¡Hermano Zopilotl,

yo te invoco…!

Tu negra vestidura

otórgame en el meridiano.

Dame a beber el rojo elixir,

el diáfano aguardiente

de unos labios cactáceos.

El abrazo de una mujer biznaga,

el canto de una mujer tantarria,

la caricia de su cabellera de yuca.

La piel de una mujer serranía

y el eco de su voz clamante.

El rencor dulce y punzante

de una mujer páramo.

La picadura de la Cihuacólotl,

la dulzura de su cruel veneno,

y, en Las Adjuntas,

el frío y el incendio

de su mirada desdeñosa.

 

Para remontar, de mi patria,

los infinitos horizontes:

el poder de Cuauhtli

y Tontatiuh.

Un alba tibia y serena

en la Vera Cruz.

El recuerdo pluvial

del verano en Xilitla.

La peregrinación del Hikuri

en el ónfalo del mundo.

El baile de las carpas,

la tentación del pan,

el canto de fantasmas

en las calles de Yurécuaro.

La fría niebla

que viste los santuarios

de los bosques.

El rosáceo corazón

de los cerros de Oaxaca.

El espíritu oceánico

en la promesa de la niebla

en Pinal y Esperanza.

El sabor a guerrilla y rebelión

del café y el son.

 

De tu rostro

y aural cabellera,

Artemis-Meztli,

me evapora

la plata esplendente

—creciente,

plena,

menguante—

inmersa en el cobalto

del velo celeste;

en la malva

del diario poniente.

El rapto

del pulso

cuando te muestras

y te ocultas,

te entregas

y te niegas

tras el espeso

vellocino

de Nix.

 

Que no hay mayor

placer

—ni mayor tortura—

para el ciego amante

que la concomitancia

de promesa

y negación

en la fina gasa

—el rudo sayal—

que envuelve la

piel deseada.

 

José María Guadalupe Cabrera Hernández

ANTIPOÉTICA #12: CHAMANA

Posted in Antipoéticas on 10 abril, 2015 by teseos30

chamana_01

CHAMANA

Un hombre canta ante el abismo
y sólo convoca el eco,
las tantarrias
y las rocas bañadas de ocre.

Una mujer danza y canta
en el mismo lugar,
doce horas después,
cuando el incendio meridiano
ha cedido ante el gélido aliento
de las tinieblas.

Hace vibrar su cuerpo,
el magma incandescente
de sus venas,
hace crepitar
sus senos,
sus caderas
y es el universo entero
el que se estremece…

José María Guadalupe Cabrera Hernández

ANTIPOÉTICA #11: HOJA DE CÁLCULO

Posted in Antipoéticas on 21 marzo, 2014 by teseos30

matematico

HOJA DE CÁLCULO

Números que remiten a realidades,

cifras que invocan cosas,

personas,

y situaciones

totalmente ajenas,

desconocidas,

insólitas;

que deberían ser indiferentes,

pero que hieren aun en su

vaporosa comparecencia.

 

 

 

Un démon aritmético

me susurra la clave

en que están compuestas

las gélidas trabes

de un cosmos transparente

e imposible.

 

 

 Tecleo y toco un mundo ajeno,

que se antoja irreal, evanescente.

Sin embargo,

en algún lugar se han contado ya

los cabellos de tu cabeza;

una niña ha visto en una serena y alba playa

la marcha de los muertos que ha devuelto el mar.

Ha contemplado,

sin otros testigos

que el nautilo y la arena,

la renuncia de los arcanos.

 

 

En algún plácido paraje de la Arcadia

has tendido el mantel para el almuerzo

y con el viento te ha llegado

una verdad incuestionable,

pero, por eso mismo,

incomunicable.

 

 

Vuelves a componer

la red de tu hoja de cálculo,

confías en ella y tu ciencia triunfante;

aunque en el fondo sabes que

tras todo torreón e inexpugnable fortaleza,

el viejo dragón acecha.

Paciente habita las tinieblas,

flotando sobre las aguas,

eternamente,

antes de la prima semana.

 

Sabes que impera lo inconcebible.

Que se afirma lo negado,

que se afirmará mil veces mil.

Que retoza la mantícora,

vuela el grifo,

escancia su vino la quimera.

 

 

José María Guadalupe Cabrera Hernández,
21 de marzo de 2014

ANTIPOÉTICA #10: AD LIMINA

Posted in Antipoéticas on 5 marzo, 2013 by teseos30

I

Ante los umbrales

un resplandor,

un aura que conoces;

un halo que ceñía tu cabeza,

una flama que engendró tu ceniza,

un cirio en el tabernáculo  impuro,

las brasas humeantes del altar vestal,

las letras calcinadas

de las cartas combustibles.

La pira de las flores ofrendadas,

de las prendas concedidas,

de las efigies de ancestros olvidados;

santos descontinuados,

ángeles defenestrados,

dioses derribados.

Turbia aurora

del eterno día postrero.

Día del Albo Espíritu

sumergido en el sombrío

manantial del furor.

II

Ahora

una salmodia

¡Cave!

Recuerda a Laocoonte

antes del crótalo y su abrazo:

¡Timeo Danaos et dona ferentes!

Recela de las ofrendas

depositadas por los píos:

su amor contiene

un implacable cataclismo,

refugia en su seno una hoja letal;

su devoción es mantícora

de rostro dulce.

Mujer blasfemia,

mujer sacrilegio

coronada de soles negros,

posando el pie sobre el creciente

mientras su cauda de tul

arrastra la tercera parte

de los astros del cielo.

III

¿La reconoces?

Siempre has vagado

por esta misma senda,

sin dirección ni meta.

Camino sin piedras millares,

seco y sucio sendero,

vía de polvo sanguíneo,

arenas de cinabrio,

arcillas bermellones;

restos de  la piel palpitante

de una diosa blanca,

cetrina,

negra,

amarilla.

¿La reconoces?

¿Recuerdas esta villa abandonada?

Esos muros de barro y paja,

esos patios bañados en cieno

y hojarasca;

esas fuentes que hoy

supuran fango y escolopendras.

¿La reconoces?

Salmo final

Transitaré por cráteres,

planicies,

serranías de una geografía inerte.

Trazaré una vez más

la cartografía de tu ausencia

y mi muerte.

Ante los umbrales,

ante las puertas herrumbrosas del Tártaro

volveré a proferir la impía invocación

y los peanes negros al Hades.

Ofrezco de nuevo una hecatombe

por mis huesos malditos y exiliados.

Ofrezco de nuevo una víctima

que nunca abrasarán las llamas…

José María Guadalupe Cabrera Hernández

Marzo de 2013

INVOCACIÓN α

Posted in Antipoéticas on 11 septiembre, 2012 by teseos30

Invocación α

…el Maestro iracundo,
entonces,
le reconvino.

Detén tu llanto, insensato.
Nimia es la causa de toda tristeza
y de toda alegría.
Nada ni nadie debe ser exaltado
ni echado en falta
¿Acaso olvidaste la más grande lección?
Proclama la Prima Invocación,
la fórmula vibrante
que cimbra al Cosmos íntegro:

“La Nada contiene al Todo
en sus recónditas entrañas.
Así el Desierto al Océano,
el Frío a la incandescente Ignis,
el Niño al Anciano,
Nix a Helios,
Koré a la Madre,
el Hades al Empíreo,
la Sima al Celeste Domo,
el Silencio al Salmo Eterno,
aun sin ser esperado,
escuchado
ni deseado

En sus recónditas entrañas
La Nada cobija y resguarda al Todo”

José María Guadalupe Cabrera Hernández

ANTIGUO, ETERNO DECRETO

Posted in Antipoéticas with tags , , , , , on 9 septiembre, 2012 by teseos30

Hay un oráculo de la Necesidad,
antiguo decreto de los dioses, eterno,
sellado con amplios juramentos:

Siempre que alguno de los démones,
cuyo lote es una vida de larga duración,
ha manchado inicuamente sus queridos miembros
con derramamiento de sangre, anda errante,
desterrado de los bienaventurados
por tres veces diez mil estaciones,
naciendo durante dicho tiempo
en toda clase de especies de seres mortales
y cambiando un penoso sendero de vida por otro.

La fuerza del éter le persigue hasta el mar,
que lo escupe de nuevo hacia tierra firme;
ésta lo lanza dentro de los rayos del sol abrasador
y él a su vez en los torbellinos del éter.

Va pasando de unos a otros y todos le odian.
Yo soy ahora uno de ellos,
desterrado de los dioses y errabundo.

Yo, que puse mi confianza en la furiosa Discordia.

Empédocles de Ákragas
“Purificaciones” (Καθαρμοί)

ANTIPOÉTICA #10: ANTISOPHOS

Posted in Antipoéticas on 7 agosto, 2012 by teseos30

ANTISOPHOS

Ignoraba él cuál era el canto de su ruta,
cuál el cauce rocoso de su torrente,
cuál la leyenda de su filacteria invisible,
cuál la divisa de obscura caligrafía
que ceñía su frente desde el Orto:

“Soy aporía viva:
en mi encuentran su derrotero
el caminante infernal y el celeste;
en mí confluyen el bermejo páramo
y la cabellera sinople del Amazonas.
En mí la negra nada que devora
galaxias,
nebulosas
y mapas celestes;
en mí la luz muda,
pulcra,
bella e indolente,
que engendra universos
en cada exhalación.
En mí los energúmenos
de todo signo.
En mí el necio en traje de sabio
y el sabio perplejo y silente.
En mí el Todo,
en mí el abismo.”

Así cantaba el viento
al verlo pasar.

Ignoraba él.
O fingía ignorar.
¿Qué mayor potencia,
Odiseo,
que la de rey embozado
y en celada?
¿Qué abrazo más inextricable
que el del poeta cósmico?
¿Qué condena más pesada
que la del silencio de la Tierra
asistiendo al circo insensato de sus bestias?
Sus bestias,
sus bestias,
esas,
sus peores bestias.

Ignoraba él.
Decía ignorar.

José María Guadalupe Cabrera Hernández