ANTIPOÉTICA #10: ANTISOPHOS

ANTISOPHOS

Ignoraba él cuál era el canto de su ruta,
cuál el cauce rocoso de su torrente,
cuál la leyenda de su filacteria invisible,
cuál la divisa de obscura caligrafía
que ceñía su frente desde el Orto:

“Soy aporía viva:
en mi encuentran su derrotero
el caminante infernal y el celeste;
en mí confluyen el bermejo páramo
y la cabellera sinople del Amazonas.
En mí la negra nada que devora
galaxias,
nebulosas
y mapas celestes;
en mí la luz muda,
pulcra,
bella e indolente,
que engendra universos
en cada exhalación.
En mí los energúmenos
de todo signo.
En mí el necio en traje de sabio
y el sabio perplejo y silente.
En mí el Todo,
en mí el abismo.”

Así cantaba el viento
al verlo pasar.

Ignoraba él.
O fingía ignorar.
¿Qué mayor potencia,
Odiseo,
que la de rey embozado
y en celada?
¿Qué abrazo más inextricable
que el del poeta cósmico?
¿Qué condena más pesada
que la del silencio de la Tierra
asistiendo al circo insensato de sus bestias?
Sus bestias,
sus bestias,
esas,
sus peores bestias.

Ignoraba él.
Decía ignorar.

José María Guadalupe Cabrera Hernández

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