ANTIPOÉTICA #8: TRES SUEÑOS EN LA SIESTA DE LA PYTHIA

I

Abandonó su lar hiperbóreo.

Volvió a tostar su tez la caricia del trópico.

De los Misterios Eleusinos

hizo invertidos rito y camino.

Erigió un cromlech al manantial seco.

Concedió en préstamo los templos vacíos.

Hizo una peregrinación silente al Orto.

Sentó sus reales al pie de un volcán.

Hizo un conjuro ante la hoguera apagada.

Ofreció una hostia sobre el altar de piedra.

Acechó al impío en la penumbra.

Observó el humilladero del Ángel Caído.

II

Ahora, en la nave en ruinas,

—bajo la bóveda hendida

de una catedral maldita—

lee un verso profano que habla de sí.

Una lengua de fuego desciende entonces

sobre el tesoro ansiado de sus senos.

Habla en lenguas el ardor de su pecho

y profetizan sus lágrimas caídas en tierra.

III

Un démon espía y atisba tras su espalda.

Siente el deseo de sus garras

sobre su piel y entre su pelo trenzado.

Siente su aliento insufrible

entre su soto castaño.

Lo ahuyenta.

Recuerda un canto y un peán.

Los musita

Ora.

Invoca.

Calla.

Mira.

Se acaba el trance.

Cesa el éxtasis.

Vuelve en sí.

Vuelve a marchar…

José María Guadalupe Cabrera Hernández

4 de octubre de 2011

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